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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Día No 103 Sabiendo Esperando en el Señor

Lectura del día:        1 Sam 13:1- 14:52; 1 Cron.8:1-9:1
Verso Central           1 Samuel 13:13

¡Eres un necio! le replicó Samuel. No has cumplido el mandato que te dio el Señor tu Dios. El Señor habría establecido tu reino sobre Israel para siempre,  (NVI)

Nunca debemos de tomar decisiones importantes bajo presión, o sin estar seguros que es la voluntad de Dios. Una de las lecciones que más nos cuesta aprender es la paciencia. Recuerdo aquella oración de un creyente que decía, “Señor dame paciencia, pero ¡dámela, ya!” No es fácil esperar cuando uno sabe que se tiene que tomar una decisión, y que de esto depende el éxito o el fracaso de nuestros planes. Es importante saber esperar, hasta que estemos seguros, que lo que estamos diciendo, o haciendo este en línea con la voluntad de Dios. No nos adelantemos y decidamos solamente porque parece “urgente” y tenemos que tomar una decisión. Una de las cosas que más trajo problemas a Saúl, fue la de tomar decisiones apresuradas, o la de dar órdenes a sus súbditos bajo la presión del momento, en medio del momento de la batalla, daba órdenes que mas que parecieran de un general, parecían las de un juego de niños. Recuerdo cuando era niño y en medio de los juegos decíamos estamos cosas, “vieja el que se raje” “no comemos hasta que ganemos”. Eso está bien cuando son juegos de niños, pero cuando es nuestra vida la que está en juego, aprendamos lo que significa paciencia, y conocer la voluntad de Dios. Ese fue el problema de Saúl, la presión de la gente, y sus propios temores lo llevaron a tomar decisiones apresuradas, que mas tarde le causarían el juicio de Dios, Allí estuvo esperando siete días, según el plazo indicado por Samuel, pero éste no llegaba. Como los soldados comenzaban a desbandarse, Saúl ordenó: "Tráiganme el holocausto y los sacrificios de comunión"; y él mismo ofreció el holocausto. En el momento en que Saúl terminaba de celebrar el sacrificio, llegó Samuel. Saúl salió a recibirlo, y lo saludó. Pero Samuel le reclamó: ¿Qué has hecho? Y Saúl le respondió: Pues como vi que la gente se desbandaba, que tú no llegabas en el plazo indicado, y que los filisteos se habían juntado en Micmás, pensé: Los filisteos ya están por atacarme en Guilgal, y ni siquiera he implorado la ayuda del Señor. Por eso me atreví a ofrecer el holocausto. ¡Eres un necio! le replicó Samuel. No has cumplido el mandato que te dio el Señor tu Dios. El Señor habría establecido tu reino sobre Israel para siempre, pero ahora te digo que tu reino no permanecerá. El Señor ya está buscando un hombre más de su agrado, pues tú no has cumplido su mandato. (1 Sam. 13:8-14 NVI) Otra ocasión fue cuando estaba peleando con los filisteosLos israelitas desfallecían de hambre, pues Saúl había puesto al ejército bajo este juramento: "¡Maldito el que coma algo antes del anochecer, antes de que pueda vengarme de mis enemigos!" Así que aquel día ninguno de los soldados había probado bocado. (1 Sam. 14:24 NVI) Aun su mismo hijo pudo ver que esto no tenía sentido, y se lo dice a su padreMi padre le ha causado un gran daño al país respondió Jonatán. Miren cómo me volvió el color al rostro cuando probé un poco de esta miel. ¡Imagínense si todo el ejército hubiera comido del botín que se le arrebató al enemigo! ¡Cuánto mayor habría sido el estrago causado a los filisteos! (1 Sam. 14:29-30 NVI) Su decisión apresurada, había causado que no tuvieran una victoria completa sobre sus enemigos. El hacer decisiones “al momento” sin esperar en el Señor nos lleva a consecuencias que después estaremos lamentando el resto de nuestra vida. Pidamos al Señor que nos enseñe a esperar en el, a buscar consejo en otros, y a tener control de nuestras palabras.
Oración:
  • Pidamos al Señor que nos ayude a esperar en el,
  • Nunca adelantarnos de su propósito,
  • Hagamos el escuchar la voz de Dios un habito,
  • Pidamos una actitud humilde que busca el consejo sabio.

martes, 10 de agosto de 2010

Día No 95 Poseído por el Espíritu del Señor

Lectura del día:    Jueces 10:1- 13:25

Verso Central        Jueces 11:29

Entonces Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mizpa de Galaad, y desde allí avanzó contra los amonitas. (NVI)

La llenura del Espíritu de Dios nos empodera para cumplir con los propósitos de Dios en nuestras vidas. Para los discípulos de Jesús no importa nuestro pasado, lo más importante ahora, es dejar que el Espíritu Santo tome control de nuestras vidas. Lo más importante es lo que Dios hará en y a través de nosotros. Podemos usar nuestro pasado como una excusa para lamentar nuestra situación, “es que yo no puedo porque vengo de allá, o de acá, o porque no tengo, o no soy”. Mientras no dejemos estas excusas no podremos ser útiles al Señor. La lectura de este día nos muestra claramente lo que Dios puede hacer en la vida de alguien que se pone en las manos de Dios tal como está, pero que no se conforma, porque le permite al Espíritu tomar control absoluto de su vida. La vida de Jefté es un ejemplo, que, para los discípulos de Jesús, nuestro pasado no es una excusa, si no lo que más importa es estar llenos de su Espíritu, para cumplir nuestro destino.

Jefté comenzó su vida con muchas cosas en su contra. En primer lugar, se nos describe como una persona que tenía cualidades, pero que tenía el estigma de ser hijo de una prostituta, Jefté el galaadita era un guerrero valiente, hijo de Galaad y de una prostituta.  (Jueces 11:1 NVI) En la cultura de aquellos días una persona que era nacido de una prostituta era considerada como una persona sin ningún derecho, porque aun hasta los hijos de las concubinas o esclavas tenían derechos, pero Jefté era hijo de una prostituta. Esa era una desventaja enorme para Jefté. Eso le quitaba todos los derechos de poseer tierra, o de tener parte de la herencia de su padre. 
Jefté creció en un hogar sin cuidados, con muchas limitaciones, desprecios. ¿Cuántos niños hubieran querido jugar con el hijo de la prostituta? El no habría tenido la oportunidad de ser parte de una familia donde se le motivara y animara a prosperar. Además, su madre no solamente era una prostituta, pero de acuerdo al texto ella, ni siquiera era judía, Galaad también tuvo hijos con su esposa, quienes cuando crecieron echaron a Jefté.  "No tendrás parte en la herencia de nuestra familia le dijeron, porque eres hijo de otra mujer."  (Jueces 11:2 NVI) La palabra otra mujer implicaba que ella era de otra raza, probablemente canaanita. Esto era otra gran desventaja para Jefte, ni siquiera podía clamar ser parte del pueblo de Dios, sus mismos hermanos lo rechazaron y los expulsaron de su lado, ellos le echaron en cara que no era de la misma madre, pero también implicaban que no eran de la misma raza. Jefte les reclamo, Jefté les contestó: ¿No eran ustedes los que me odiaban y me echaron de la casa de mi padre? ¿Por qué vienen a verme ahora, cuando están en apuros? Los ancianos de Galaad le dijeron: Por eso ahora venimos a verte. Ven con nosotros a luchar contra los amonitas, y serás el caudillo de todos los que vivimos en Galaad. (Jueces 11:7-8 NVI) 

La juventud de Jefté no fue propicia, creció rodeado de personas que al igual que el eran rechazados, Entonces Jefté huyó de sus hermanos y se fue a vivir en la región de Tob, donde se le juntaron unos hombres sin escrúpulos, que salían con él a cometer fechorías. (Jueces 11:3 NVI) La palabra sin escrúpulos, significa que él se unió a una banda de ladrones que se dedicaban a robar y hacer toda clase de fechorías. El rechazo, el señalamiento, y el desprecio que había recibido toda su vida, había formado en este hombre una actitud de rechazo y de violencia a la sociedad que lo había desechado. 
Aunque para todo el mundo no tengamos valor, para Dios no somos un accidente, o nuestras vidas no tienen ningún significado. Desde su nacimiento Dios tenía un plan para la vida de Jefté, probablemente desde muy pequeño su madre o padre entendieron que Dios tenía un propósito para su vida a pesar de que había nacido en las peores de las circunstancias. Ellos le pusieron por nombre Jefté, que significa “Dios obra”. Sin saber, ellos estaban marcando el destino de su hijo. Ahora, no es suficiente con tener un llamado de Dios, ni tampoco es suficiente con saber que tengo habilidades o talentos que Dios puede usar para su gloria, era obvio que este joven poseía las cualidades que lo podían convertir en un gran caudillo, pero es necesario que el Espíritu Santo tomara control de su vida para poder cumplir con el propósito de Dios. 
La diferencia en la vida de Jefté, no fueron sus habilidades, o su nombre, pero que un día, el Espíritu Santo tomo control de su vida, y lo transformo y pudo cumplir el plan de Dios. La Biblia declara, Entonces Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mizpa de Galaad, y desde allí avanzó contra los amonitas. (Jueces 11:29 NVI) No importa cual haya sido tu pasado, si permites al Espíritu que tome control de tu vida, nunca volverás a ser el mismo, serás una persona de éxito.
Oración:
·              Toma todos tus argumentos y tráelos en este día a la cruz. Renuncia a vivir una vida sin propósito

·              Pide al Espíritu que tome control de tus pensamientos, emociones, y de todo tu ser.

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lunes, 26 de julio de 2010

Día No 94 Cosechando lo que Sembramos

Lectura del día:        Jueces 8:1 - 9:57
Verso Central   Judges 9:23-24

Pero Dios envió un espíritu de discordia entre Abimelec y los habitantes de Siquem; y los habitantes de Siquem procedieron pérfidamente con Abimelec, para que viniera la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y recayera la sangre de ellos sobre su hermano Abimelec que los mató, y sobre los habitantes de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos. (NBLH)


El fruto de una mala siembra siempre será el de una mala cosecha. Tarde o temprano las cosas, decisiones, y actos contrarios a los principios de la palabra de Dios darán su fruto de error, fracaso, y hasta destrucción. La ley espiritual de la siembra y la cosecha, es certera y no podemos escapar a sus consecuencias, sean buenas o malas. En la historia de este día tenemos el relato de la vida de uno de los hijos de Gedeón, su nombre fue Abimelec. Su nacimiento no fue en las condiciones más favorables, su padre Gedeón tuvo muchas esposas, y concubinas, el fue hijo de una de sus concubinas. Gedeón tuvo muchas buenas cualidades, pero uno de los errores que caracterizaron a muchos de los hombres del Antiguo Testamento, fue la costumbre de tener más de una mujer, y no estamos hablando de dos o tres, pero muchos de ellos tenían docenas, y como muchos de estos matrimonios tenían el propósito de hacer alianzas, o pactos políticos, cuando el hombre moría, sus hijos quedaban divididos de quien sería su sucesor, quien heredaría todos los bienes y sobre todo quien heredaría la posición de autoridad de su padre. 

Abimelec era un líder natural que inmediatamente dejo sentir su influencia en su familia, pero al no ser un hijo legitimo, significo que su madre no tenía el mismo privilegio que una esposa, por lo tanto Abimelec, no podría heredad nada de su padre, ni poseer autoridad ni ninguna posición de dignidad en la familia. Eso de seguro creo en Abimelec, resentimiento, aun podríamos decir hasta odio por sus hermanos, este odio lo llevo a cometer el crimen de asesinar a sus hermanos con el fin de tomar el poder absoluto en sus manos. El nombra Abimelec significa “mi padre es rey” esto nos habla de que este joven creció con la necesidad de una identidad y que necesito afirmar su valor, ya que a pesar de que era hijo de una concubina, él era el hijo del rey. Es como que el necesitaba sentir que valía, no por el mismo, si no porque era hijo de un rey, pareciera que toda se vida se enfoco en llegar a ser rey el mismo, sin importar el precio que tuviera que pagar. Abimelec fue un hombre ambicioso que no se detuvo ante nada por lograr sus ambiciones. El realizo una alianza con la familia de su madre en Siquem para gobernar como rey sobre ellos, Abimélec hijo de Yerubaal  fue a Siquén a ver a los hermanos de su madre,  y les dijo a ellos y a todo el clan de su madre: "Pregúntenles a todos los señores de Siquén: ¿Qué les conviene más: que todos los setenta hijos de Yerubaal los gobiernen,  o que los gobierne un solo hombre?  Acuérdense de que yo soy de la misma sangre que ustedes." (Jueces 9:1-2 NVI) Para lograr esto mato a todos los hijos de su padre, Fue a Ofra,  a la casa de su padre,  y sobre una misma piedra asesinó a sus setenta hermanos,  hijos de Yerubaal.  Pero Jotán,  el hijo menor de Yerubaal,  se escondió y logró escaparse. (Jueces 9:5 NVI) Solamente el hijo menor de Gedeón quedo con vida, logro esconderse y escape de la muerte. Cuando su hermano Abimelec injustamente fue nombrado rey, Jotán profetizo sobre la vida de su hermano la destrucción que vendría como consecuencia de sus actos. (Jueces 9:16-20) En otras palabras lo Abimelec sembro lo cosecharía, el reinado de Abimelec estuvo lleno de conflictos, y solamente duro tres años, muriendo de una manera trágica cuando una mujer arrojo un piedra para moler, y le quebró la cabeza al orgulloso Abimelec. En una piedra el mato a hermanos, (Jueces 9:5), y con una piedra le quebraron la cabeza. No había una manera más trágica de terminar la vida de este rey, Abimelec vino a la torre, la atacó y se acercó a la entrada de la torre para prenderle fuego. Pero una mujer arrojó una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec rompiéndole el cráneo. Entonces él llamó apresuradamente al muchacho que era su escudero, y le dijo: "Saca tu espada y mátame, no sea que se diga de mí: 'Una mujer lo mató.'" Y el muchacho lo traspasó, y murió. (Jueces 9:52-54 NBLH) Nadie está por encima de la ley de siembra y la cosecha. Lamentablemente la vida de este hombre ilustra perfectamente esta verdad. Por este motivo necesitamos tener la sabiduría de Dios en nosotros para que podamos hacer decisiones que sean conforme a su voluntad y que produzcan fruto de vida y bendición. Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo 90:12 RV60).

Oración:

  • Pedir al Señor que nos te sabiduría para tomar decisiones correctas ya que cada decisión trae consecuencias, pero además afectara no solamente nuestra vida, pero la de todos nuestras generaciones.

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lunes, 29 de marzo de 2010

Día No 82 Viviendo Mi Vida al Máximo

Lectura del día:        Salmo 90:1-17; Deut. 31:30 - 32:52
Verso Central   Salmo 90:12

Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.



Nuestra vida solamente cumplirá su propósito, cuando en todo lo que hacemos Dios y su voluntad están presentes. La vida es muy corta, y para vivirla al máximo, requerimos entender el “proyecto” de Dios para nuestras vidas y no desaprovecharla en cosas que nos roban su propósito. Nos corresponde a nosotros el privilegio de buscar su favor en todo lo que hacemos, para que nos dé su aprobación, y por consiguiente su bendición para que no sea en vano nuestra labor. 
Moisés estaba al final de sus días, y en estos pasajes que leímos, Él está meditando sobre el significado de su vida, y las cosas que hizo. También, como profeta de Dios, profetisa que los hijos de Israel, al entrar a la tierra prometida, lamentablemente se olvidaran y apartaran de Dios, trayendo sobre ellos consecuencias terribles. Este pasaje es de suma importancia, porque aquí tenemos las reflexiones de un hombre que camino los últimos 40 años de su vida de la mano de Dios, y como a pesar de esto, al recontar sus días se da cuenta que, a través de su vida, hizo cosas que no valían la pena, cosas que quizás en su momento pensó que eran lo mejor, pero que ahora al final de sus días se da cuenta que Dios no se lo había mandado hacer, y por lo tanto había sido en vano. 
En el salmo 90 Moisés declara una de las verdades más importantes que nosotros debemos entender, veamos; Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo 90:12) Al igual que mucha gente cuando se está acabando su vida, Moisés reconoce lo corto que es la vida, y cuando tiempo se desperdicia en cosas que no valen la pena. Hay cosas que quizás a nuestros ojos son importantes, pero que cuando lo empezamos a ver con los ojos de Dios, nos damos cuenta que son meras quimeras, sin valor. Por esta razón Moisés termina este salmo con estas peticiones que debemos hacer nuestras. 
¿Cuáles son estas peticiones? En primer lugar, es importante entender cuál es el propósito, o el proyecto de Dios para nuestras vidas, Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos, (Salmo 90:16) Que esta sea nuestra búsqueda constante, “muéstranos tus obras (voluntad) en nuestras vidas, para poder ver tu gloria.” Esto tiene que ser más que información, pero necesitamos que esto sea una “revelación” a nuestro espíritu. En segundo lugar, necesitamos su ayuda para no desviarnos de su propósito, para que en todo lo que hagamos, seamos aprobados y su favor este con nosotros, porque solamente así tendremos éxito. Moisés le pidió a Dios, y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90:17) Si alguien entendía claramente estos dos principios, fue Moisés, ya que en todo lo que hizo, los últimos 40 años de su vida, busco hacer su voluntad, pero en una ocasión en especial se dejó influenciar por sus emociones, y por la rebeldía de la gente, e hizo lo que Dios no le había dicho. En ese momento el favor de Dios se apartó de su vida, porque Dios no aprobó sus actos, y por este hecho, el ya no pudo entrar a la tierra prometida, solamente se le permitió verla de lejos antes de morir, En aquel mismo día, habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Sube a estos montes de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab frente a Jericó, y mira hacia la tierra de Canaán, la cual doy a los hijos de Israel en posesión. Morirás en el monte al cual subes, y serás reunido a tu pueblo, así como murió tu hermano Aarón sobre el monte Hor, y fue reunido a su pueblo; porque me fuisteis infieles en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin, porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel. Por tanto, sólo de lejos verás la tierra, pero allí no entrarás, a la tierra que doy a los hijos de Israel. (Deut. 32:48-52) 
Terrible fue el final de la vida de Moisés, sirviendo a Dios por tantos años, para que al final, no pudiera entrar a la tierra de la promesa de Dios. Por este motivo, unámonos a la oración que Moisés le invoco al Señor, Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos, y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90:16-17) Para vivir una vida al máximo; necesitamos, la revelación de su propósito, conocer la gloria (su presencia) de Dios, tener su gracia, y su aprobación.
Oración:                                                                                                  
·       Pedir por sabiduría para que en todo lo que se haga sea su voluntad y tengamos su favor.
Consagrar nuestro corazón al proyecto de Dios para nuestra vida.
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martes, 2 de marzo de 2010

Día No 78 Dios Pelea por Nosotros

Lectura del día:        Deut. 19:1 - 22:30
Verso Central   Deuteronomio 20:1

"Cuando salgas a pelear contra tus enemigos y veas un ejército superior al tuyo,  con muchos caballos y carros de guerra,  no les temas,  porque el Señor tu Dios,  que te sacó de Egipto,  estará contigo. (NVI)

El saber que Dios “pelea” por nosotros nos lleva a vivir confiados. Cuando enfrentemos los problemas o circunstancias adversas en la vida no dejemos que el temor nos domine, por el contrario, enfrentemos todo con la seguridad de que Dios no solamente está con nosotros,pero además pelea por nosotros. Los hijos de Israel tenían temor en su corazón acerca de la conquista que tenían por delante, ya que no era una nación acostumbrada a la guerra. Su antigua vida había sido la de esclavos, que estaban acostumbrados a obedecer las órdenes de sus amos. Los judíos que estaban a punto de entrar a la tierra prometida, eran los hijos de aquellos esclavos y su única experiencia había sido esclavitud, durante su cruce del desierto enfrentaron algunos pueblos, pero había sido breve. Hasta ese momento en sus vidas no conocían la guerra, ni eran una nación históricamente bélica. En sus mentes había muchas preguntas, temor, y mucho terror ante las batallas que estaba por delante. 
¿Cómo tomarían las ciudades? 
¿Qué pasaría cuando enfrentaran pueblos con ejércitos más poderosos que ellos? 
Pensaban en lasarmas de sus enemigos, y de que la mayoría de estos pueblos estaban acostumbrados a pelear. Dios le dijo, "Cuando salgas a pelear contra tus enemigos y veas un ejército superior al tuyo, con muchos caballos y carros de guerra, no les temas, porque el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, estará contigo. (Deut. 20:1 NVI) Por esta razón el pueblo, antes de ir a pelear, recibía la palabra de Dios donde les recordaba que no importaba la condición de sus enemigos, ellos deberían de confiar plenamente en el Señor. "El Señor tu Dios te hará entrar en la tierra que vas a poseer, y expulsará de tu presencia a siete naciones más grandes y fuertes que tú, que son los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. (Deut. 7:1 NVI) Esta no era una “fe ciega”, que no veía la realidad humana de sus enemigos, por el contrario, estaban conscientes de la superioridad humana y tecnológica de sus enemigos, pero la fe en Dios ve más allá de lo humano y lo posible. Dios está por encima de todas las cosas. 
En segundo lugar, ellos habían visto la mano poderosa de Dios pelear a su favor, "En aquel tiempo le ordené a Josué: Con tus propios ojos has visto todo lo que el Señor, el Dios de ustedes, ha hecho con esos dos reyes.  Y lo mismo hará con todos los reinos por dónde vas a pasar. No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti. (Deut. 3:21-22 NVI) En nuestros días nosotros no enfrentamos ejércitos, ni estamos en la tarea de conquistar ciudades en el mismo sentido que los hijos de Israel estaban a punto comenzar. Pero al igual que ellos nosotros enfrentamos a situaciones, problemas, o tribulaciones, que desde nuestro punto de vista se ven igual de grandes y poderosos, que las ciudades, y los ejércitos que ellos estaban a punto de enfrentar. 
Nosotros, al igual que ellos nos dejamos llevar por la realidad de nuestras limitaciones humanas, y en ocasiones dudamos, o no estamos seguros de cómo podremos tener la victoria en nuestras vidas. Las palabras que Dios les dio a ellos, también son para nosotros. Cuando enfrentemos cualquier circunstancia en nuestras vidas, debemos repetirnos estas promesas que Dios le dio a los hijos de Israel, Cuando estés a punto de entrar en batalla, el sacerdote pasará al frente y exhortará al ejército con estas palabras: ¡Escucha, Israel!  Hoy vas a entrar en batalla contra tus enemigos.  No te desanimes ni tengas miedo; no te acobardes ni te llenes de pavor ante ellos, porque el Señor tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo y te dará la victoria sobre tus enemigos. (Deut. 20:2-4 NVI) 
La palabra profética declarada por el sacerdote al pueblo de Dios tenía el efecto de producir la fe necesaria para la batalla que tenían por delante. De la misma forma nosotros debemos de mantenernos confesando, y creyendo las promesas de Dios en medio de cualquier circunstancia que estemos enfrentando, recordando que Dios esta nuestro lado, y que mientras obedezcamos sus mandamientos tenemos asegurada la victoria en nuestras vidas. También esto nos enseña la importancia de tener una palabra, o promesa de Dios para cada circunstancia que enfrentemos. ¡Adelante, Dios pelea por nosotros!

Oración:                                                                                                                             
  • Demos gracias a Dios porque en medio de nuestras luchas la pelea por nosotros.
  • Atesoremos, y declaremos constantemente sus promesas, porque esta nos da la fe para vencer en toda circunstancia.
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