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lunes, 20 de febrero de 2012

Caminando Diariamente con la Bendición de su Presencia


Día No 119                                                                            

Lectura del día:        2 Sam 6:12-23; 1 Cron. 15:1- 16:43; Sal.15:1-5
Verso Central:          Salmo 15:1 RV1960

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?

Para tener una vida plenamente bendecida es necesario que caminemos diariamente en  la presencia de Dios. David había consolidado su reino y están en proceso de levantar ciudades y edificios para un mejor funcionamiento de su gobierno, así como mostrar visiblemente la prosperidad de su reino. Todo, hasta este punto de su gobierno había salido bien, especialmente toda la nación se había unido bajo su reinado, y ahora estaba bajo  su autoridad. Solamente le faltaba lo más importante el arca de Dios. El arca era más que simple objeto religioso, o político ya que Dios mismo le había ordenado a Moisés construirla y colocarla en el lugar más santo del tabernáculo, y ahí sobre el arca descendía la misma presencia de Dios. Tener el arca en Jerusalén declaraba que Dios mismo aprobaba del reinado de David.  "Pondrás el propiciatorio sobre el arca, por encima; y dentro del arca pondrás el testimonio que yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los querubines que están sobre el arca del testimonio, hablaré contigo de todo lo que te mande para los hijos de Israel. (Exo. 25:21-22 RVA) También, David quería trasladar el arca, porque este era el símbolo más poderoso de unidad entre todas las tribus, y al trasladarlo a la nueva capital; Jerusalén, David estaba ilustrando la unidad de toda la nación, con la presencia misma de Dios, representada en el arca. Mas aparta de todo estas cosas de carácter simbólico y político, David entendía que la bendición de Dios estaba donde estuviera su presencia, esta era la motivación principal de David. El había recibido noticias de que la familia, de Obed-Edom estaba siendo bendecida por la presencia del Arca en su casa, así que se determina traer de nuevo el arca a una tienda o tabernáculo que el levanto para depositar el Arca de Dios, El arca de Jehovah se quedó en casa de Obed-edom el geteo durante tres meses. Y Jehovah bendijo a Obed-edom y a toda su familia. Se le informó al rey David diciendo: "Jehovah ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios." Entonces David fue e hizo subir con regocijo el arca de Dios de la casa de Obed-edom a la Ciudad de David. (2Sa 6:11-12 RVA) David quería esa misma bendición para toda la nación, por este motivo quería traer el arca a la capital de su reino. Esta era la segunda vez que David intentaba traer la presencia de Dios a su ciudad, porque en la primera ocasión fracaso porque lo quiso hacer su manera, y el resultado es que tuvo que parar en su intento. Ahora sabiendo de la bendición que significaba tener el arca en Jerusalén, sigue las ordenanzas especificas dejadas por Moisés sobre el traslado del arca. David había aprendido la lección de honra a Dios y su palabra. Esto nos enseña también a nosotros que para que Dios nos honre con su bendición, debemos de hacerlo a su manera, no podemos dictarle a Dios que es lo que haga, ni que manipulemos su presencia. Al igual que en la historia de este día, es necesario seguir lo establecido por Dios para que su presencia este en nuestros medios. A diferencia de David, nosotros no tenemos el arca como un símbolo de su presencia, en nuestras vidas, familias, o congregación, nosotros tenemos la presencia misma del Espíritu Santo en nuestra vidas, familias, e Iglesia que es mucho mejor que el arca. Mas al igual que en los días de David los principios necesarios para que podamos caminar diariamente en su presencia, y por consiguiente bajo su bendición están delineados en el salmo 15. Ahí tenemos lo que se necesita para que podamos caminar siempre experimentando su presencia y su bendición, que lo podríamos resumir diciendo que la presencia de Dios está en aquellas personas que son integras y que aman a Dios y a su prójimo.
Oración:
  • Señor, en este día pedimos que nos des un corazón integro.
  • Concedemos vivir de tal manera que te permitamos manifestarte en nuestras vidas,
  • Concedemos caminar con la conciencia de que tu gloria nos rodea.

martes, 5 de enero de 2010

Día No 70 Sacando los Enemigos de Nuestra Tierra (Venciendo Nuestra Lucha interna)

Lectura del día:        Num. 32:1 - 33:56
Verso Central   Números 33:55

"Pero si no expulsáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, entonces sucederá que los que de ellos dejéis serán como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os hostigarán en la tierra en que habitéis.


El pecado es la puerta al fracaso. Todo pecado no confesado, o todo pecado que hemos permitido que continúe en nuestra vida, es puerta de ataduras, maldiciones, o será el argumento que el enemigo usará para atacarnos. Esto también se aplica a las heridas emocionales, resentimiento, complejos, o actitudes de derrota

En fin, todas las cosas negativas de nuestra antigua vida deben de “salir” de nuestro corazón, si es que deseamos vivir en completa victoria en todas las áreas de nuestra vida

La mayoría de las cosas que nos están estorbando para vivir una vida victoriosa, de alguna manera están relacionadas a cosas que hemos permitido de nuestra antigua vida. 

¿Por qué todavía seguimos con “ataduras” de nuestra antigua vida?

Porque no le hemos permitido al Espíritu que a través de la palabra transforme esas áreas de nuestras vidas. En la medida que nosotros permitamos al Espíritu que “saque” esas cosas de nuestra vida, veremos la victoria completa. Por ejemplo, si en mi matrimonio tuviera problemas por errores del pasado, mientras no demuestre un verdadero arrepentimiento de mis actos y esté dispuesto a restituir el daño causado, no podré tener una buena relación matrimonial. Porque mi cónyuge usara mi falta de arrepentimiento para estar constantemente atacándome en esa área de mi vida. Por otro lado, si he pedido perdón, pero si a mí cónyuge le cuesta perdonar, o tiene problemas con volver a confiar, esa será la “astilla” que nos estará constantemente molestando en nuestra relación matrimonial, aunque estemos viviendo juntos, aun a pesar de ser discípulos de Cristo. Además, esa también será la “puerta” por donde el enemigo podrá atacar nuestra relación. La solución a este dilema no es asunto de guerra espiritual, ni de ayunar, sino de simplemente “cerrar” esas puertas a través del perdón, la restauración, y la renovación diaria que viene de nuestra comunión con el Espíritu, y su obra de restauración y fortalecimiento a través de la palabra de Dios. Eso es precisamente lo que Dios le advirtió al pueblo de Dios cuando estaba a punto de introducirlos a la tierra prometida, (Num. 33:51-52, - 55, 56) Habla a los hijos de Israel, y diles: "Cuando crucéis el Jordán a la tierra de Canaán,  (52)  expulsaréis a todos los habitantes de la tierra delante de vosotros, y destruiréis todas sus piedras grabadas, y destruiréis todas sus imágenes fundidas, y demoleréis todos sus lugares altos;  (55)  "Pero si no expulsáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, entonces sucederá que los que de ellos dejéis serán como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os hostigarán en la tierra en que habitéis.  (56) "Y sucederá que como pienso hacerles a ellos, os haré a vosotros."  

Al leer la historia del pueblo de Dios, nos damos cuenta, cuánta razón Dios tenía en prevenirlos, y pedirles que tenían que deshacerse de todas las cosas que hubiera en la tierra prometida que los llevara a la idolatría y a practicar los pecados de las naciones que Dios estaba expulsando de esa tierra. La razón por la cual el pueblo de Dios sufrió divisiones, invasiones, y en última instancia lo llevó a la cautividad, fue que ellos constantemente imitaban las prácticas idólatras y abominables de las naciones que ellos habían conquistado. Con la ayuda de Dios el pueblo de Israel conquistó la tierra prometida, pero nunca “limpiaron” totalmente la tierra de los dioses, y de las costumbres de esas naciones, por el contrario, las hicieron suyas, y llegaron hasta adorar a los dioses de las naciones que habían conquistado en Canaán. Vez tras ves, Dios mando los profetas que advertían a la nación que dejara de servir a otros dioses, ellos se arrepentían, pero pronto estaban de nuevo adorándolos. Al fin esto fue la causa de que Dios los desechará
¿Hay aguijones, y espinas en tu vida? 
¿Qué resentimiento, o herida te sigue estorbando? 

Por último, si algo queda claro en la lectura de este día, que desde el punto de vista de Dios debemos ser radicales con el pecado. Con el pecado debemos de ser radicales, no hay lugar para consentir en nuestra vida el pecado. Como Dios le dijera al pueblo de Dios, nosotros de la misma forma, ahora que somos discípulos de Cristo, debemos abandonar toda costumbre, o práctica que le abra la puerta al pecado, y nunca debemos tener una actitud tolerante con el pecado en nuestro corazón, esta es la única forma de no perder todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y de poder hacer nuestra la victoria que Cristo ya ganó por nosotros en la cruz del calvario.

Oración:                                                                                                  
·   Sabiduría para examinar la situación por la que atraviesas, y sus motivos.
·  Rendir al Señor todo lo que estorbe para que tengamos la victoria completa.
·  Permitir al Espíritu que nos limpia cada día a través de la palabra de Dios.

Te invito a declares esta oración diariamente para que puedas comenzar cada día declarando tu victoria (has click aquí para ver esta oración)


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lunes, 27 de julio de 2009

Día No 51 Una Completa Santificación


Lectura del día: Levítico 13:47 a 15:33
Verso Central Levítico 15:31

Así mantendréis a los hijos de Israel separados de sus impurezas, para que no mueran en sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos.

El vivir en santidad no solamente incluye “nuestra relación con Dios”, si no que incluye todos los aspectos de nuestra vida. Esto muy importante entenderlo porque algunos no pueden “sacar” su fe de los cultos, o servicios. Solamente experimentan su fe mientras están en un culto, o mientras están orando, pero les cuesta tomar esas experiencias, a todas situaciones de la vida diaria. Algunos declaran tener dos vidas; “mi vida espiritual, y mi vida diaria,” como que si están fueran diferentes, y no tienen relación la una con la otra. ¿Por qué?  En la mentalidad nuestra hay una gran influencia del pensamiento griego, ellos hacían una separación entre lo físico, y lo espiritual, y consideraban lo espiritual como superior y lo físico o la carne como inferior, o menos importante. Aun los primeros creyentes, que venían de un trasfondo gentil, pensaban que, aunque pecaran con su cuerpo, mientras mantuvieran en su parte espiritual (corazón, o alma, o espíritu) una actitud de santidad, todo estaba bien. Por esta razón el apóstol Pablo hace la siguiente declaración, Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. (Rom. 12:1) También añade a los corintios lo siguiente, Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1Cor. 6:18-19) Lo que Pablo estaba tratando de enseñar a estos creyentes que vivían en un mundo influenciado por la cultura griega, era que tanto el espíritu como el cuerpo deberían de estar consagrados de la misma manera a Dios

Para Dios no existe tal cosa como; “mi vida espiritual”, y “mi vida diaria” o mi “vida secular”. Desde el punto de vista de Dios solamente existe una vida, que tiene diferentes aspectos, pero que no está dividida, o ni tampoco algunos aspectos son más importantes que otros, o que otros son menos santos que los demás. Dios santifica todo el ser, y él desea nuestra completa santificación. Pablo declara, absteneos de toda forma de mal. Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1Tes. 5:22-23) Al leer este día, las indicaciones de cómo es que se determina si la persona estaba inmunda, o no, o si los vestidos, o habitaciones estaban inmundas o no. Podemos descubrir que la santificación que Dios espera de sus hijos no tiene que ver solamente con las cosas religiosas, si no que Dios espera de cada uno de nosotros una completa santificación. Esto quiere decir que la santidad es un estilo de vida que incluye todos los aspectos de nuestra vida. Las enseñanzas de Pablo incluyen, “espíritu, alma y cuerpo”. Esta indicación implicaba que Dios se preocupa no solamente de la condición del alma, sino que también está interesado de la condición del cuerpo, o de todo nuestro ser. Por lo tanto, podemos ver claramente que nuestra consagración a nuestro Dios debe de afectar todo nuestro ser. Nuestra relación con Dios incluye, y debe “tocar” todos los asuntos de nuestra vida. Debemos de tener un estilo de vida consecuente con nuestra nueva naturaleza. 

De acuerdo a la lectura de este día, la naturaleza santa de nuestro Dios debe de estar presente en todos los asuntos de nuestra vida. Dicho de otra manera, siempre debemos pensar cómo podemos agradar a Dios en todas las áreas de nuestra vida ¿Tomamos cuidado de nuestro cuerpo físico? ¿Qué tan espiritual será hacer ejercicio? ¿Qué tal nuestra apariencia? ¿El Vestido? ¿Qué de nuestros negocios? ¿Qué de nuestra interacción con toda persona?  Por supuesto no debemos pensar solamente en esto, porque entonces nos iríamos al extremo de pensar solo en lo material, pero debemos de vivir una vida balanceada. ¿Cómo esta nuestro carácter? ¿Los pensamientos? ¿Qué cosas batallan dentro de nuestra alma? La completa santificación incluye todas las áreas de nuestra vida. O sea que debemos de procurar la santidad en todas las áreas de nuestra vida, o no estamos buscando verdaderamente la santidad.
Oración:                                                                                                  
Pedir a Dios discernimiento para que al examinar nuestra vida podamos descubrir áreas en nuestra vida que no son agradables a Dios.


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lunes, 20 de julio de 2009

Día No 50, Sed Santos así como yo Soy Santo




Lectura del día: Levitico 11:1 a 13:46
Verso Central Levítico 11:44

"Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra.

El pueblo de Dios debe tener como distintivo de su carácter la santidad. La santidad es el reflejo de quiénes somos y quien es nuestro Dios. Nuestro Dios es santo y nosotros debemos de reflejar su carácter de santidad. Cuando hablamos de la santidad de Dios, nunca hablamos de que Dios tiene santidad, porque entonces estaríamos hablando de niveles de santidad, o de cantidades, sino que cuando la Biblia habla de la santidad de Dios, simplemente dice que Dios es santo. Su santidad es una parte integral de quien es nuestro Dios. De la misma manera su Iglesia y de una manera individual cada discípulo de Jesús debe aspirar a tener un estilo de vida que refleje la santidad de Jesús quien mora en nosotros. Esto no es la mera aspiración de ser mejor, o de vivir vidas ejemplares, sino que es la manifestación de quienes somos; somos el pueblo que Dios ha seleccionado para manifestarse a este mundo. 
Esa fue la oración de Jesús por su Iglesia, Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (Juan 17:17-19) Por eso es necesario que la aspiración individual de cada discípulo es vivir en santidad, ya que nuestro Dios es santo. Cuando uno lee estos pasajes de la ley, se puede “captar” el sentir de santidad que Dios quería que tuviera su pueblo. Cada una de las leyes que leímos este día, como en los días anteriores y en los siguientes, nos hablan de la seriedad con la cual la ley de Dios trata al pecado, o lo que es inmundo. Si bien se puede decir que muchas estas leyes cumplían una función social de higiene y de salud física del pueblo, y por supuesto muchas de ellas solamente fueron para el pueblo de Israel. Más que una función social, estas leyes, así como todas las demás que se mencionan en el Pentateuco, tienen el propósito de apuntar a una verdad central de la revelación de Dios; su santidad. Antes que ninguna otra cosa, estas leyes indicaban claramente que Dios era santo, y que su pueblo debería de ser santo. Por esta razón el pueblo o la persona que tiene una relación con el debe de tener un estilo de vida que manifieste ser una persona en la cual mora un Dios santo, quien le imparte su misma naturaleza. Dios declara a través de Moisés, "Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. "Porque yo soy el SEÑOR, que os he hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy santo." (Lev. 11:44-45) Si bien en nuestros días no estamos sujetos a estas leyes acerca de la comida y de las enfermedades, el principio Bíblico nunca cambia y detrás de estas leyes, debemos de entender el principio moral o el “espíritu” de estas leyes, nuevamente, "Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo... (Lev. 11:44) 
Hoy en día, el mismo principio bíblico se aplica a cada uno de nosotros, ya que los principios de Dios son eternos. Cuando nosotros seguimos los principios de Dios estaríamos reflejando a Dios, y lo que nos debería de distinguir, es su santidad. Como pueblo, o discípulo en el cual Dios mora, nuestro estilo de vida necesita ser de tal manera que reflejemos su santidad, en el trato y convivio con cada persona con la cual tenemos contacto. El principio bíblico no ha cambiado, sigue siendo el mismo; Sed Santos porque Yo soy santo. Pero es importante saber que esto no es algo que se logra mediante el esfuerzo humano, o por medio de la disciplina personal. No se trata de imitar a Jesús, sería ridículo pensar que, mediante el esfuerzo personal, podemos imitar a Jesús. La santidad es el resultado natural de la impartición de su vida en nosotrosLa santidad es el resultado de “morir” a nuestra vieja naturaleza, por medio del Espíritu. La santidad principalmente es el resultado “natural” de nuestra unión con Jesús, y además el Espíritu que mora en nosotros es el que pone en nosotros el deseo, y el poder para vivir en santidad.
Oración:                                                                                                                             
  • ¿Cómo estas manifestando a las personas que rodeas que sirves a un Dios que es santo?
  • ¿Ante todas las cosas eres la luz y la sal en tu mundo?
  • ¿Qué cosas específicas tienes que cambiar para vivir en santidad?

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martes, 7 de julio de 2009

Día No 48 Que no se Apague el Fuego


Lectura del día: Lev. 5:1 a 7:3
Verso Central Levítico 6:13

"El fuego se mantendrá encendido continuamente en el altar; no se apagará.


El discípulo de Jesús debe vivir su vida constantemente “ardiendo” apasionado por su Señor y sus propósitos. Dicho de otra manera, estar en avivamiento no es una opción, o algo que depende de Jesús únicamente, como que si él quisiera que en momentos estuviéramos en avivamiento y en otros no quiere que andemos en avivamiento. Como podemos ver en el pasaje de este día, tener el fuego siempre ardiendo, es una orden que Jesús le da a aquellos que han sido llamados para servir en sus propósitos. Andar en avivamiento es una orden. Como cada creyente tiene un llamado en su vida, esta orden es para todo creyente. Por esta razón el creyente que ha logrado llegar a un nivel de fe que va más allá de sus emociones, sabe que en todo tiempo debe de andar en una actitud de avivamiento, y que, para mantener esa actitud, se deberá estar constantemente “avivando el fuego de Dios en su vida”. 
En la orden que Dios les dio a los sacerdotes, hay una palabra que nos ayudar a entender lo que hemos estado leyendo, que les ordenara a Aarón y a sus hijos: «Ésta es la ley respecto al holocausto: El holocausto se dejará arder sobre el altar toda la noche hasta el amanecer, y el fuego del altar se mantendrá encendido. (Lev 6:9 BAD) Notemos como el fuego del altar se debería de mantener encendido. Aun se enfatiza más claro en este verso, El fuego sobre el altar no deberá apagarse nunca; siempre deberá estar encendido. (Lev 6:13 BAD) El altar representa nuestra vida, de acuerdo a Pablo, Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. (Rom. 12:1 LBLA) En primer lugar, el holocausto que necesitamos ofrecer todos los días a Dios, ya no son animales, o cualesquiera otras cosas, sino que Dios espera que cada uno de nosotros seamos ese sacrificio que se ofrece voluntariamente a Dios cada día. En segundo lugar, Dios les ordenaba a los sacerdotes que la forma que ellos mantendrían el fuego en todo tiempo ardiendo seria añadir cada mañana leña para que el fuego nunca se apague, "El fuego se mantendrá encendido sobre el altar; no se apagará, sino que el sacerdote quemará leña en él todas las mañanas, y pondrá sobre él el holocausto, y quemará sobre él la grasa de las ofrendas de paz. (Lev 6:12) 
El acto de quemar leña todas las mañanas en el altar, en un sentido práctico es la disciplina diaria de nuestro tiempo devocional. Cuando hablamos de mantener avivando el fuego, esto es precisamente lo que necesitamos practicar diariamente; un encuentro diario con Dios a través de la oración y la meditación de su palabra. La única forma que podremos mantener el fuego de Dios ardiendo en nuestras vidas es a través de una disciplina constante de comunión con Dios. Esta disciplina es lo que llamamos el tiempo devociónal. Hay creyentes que en algún momento de sus vidas “entran en avivamiento” y se motivan a seguir el propósito de Dios para sus vidas y se comprometen con él, y están dispuestos a “andar ardiendo en los propósitos de Dios”, sin embargo porque no se han disciplinado a añadirle la “leña” oración, lectura y meditación de la palabra a su vida diaria, ese fuego que nació de Dios en sus vidas, al poco tiempo se apaga, y por esa razón se pierde la pasión por los propósitos de Dios, y por este motivo andan buscando “cultos de avivamiento” para recibir de alguien más lo que no hay en sus vidas. Como hemos visto en estos pasajes, nosotros podemos andar en avivamiento continuo cuando pasamos diariamente un tiempo devociónal en su presencia, donde le estamos permitiendo al Espíritu Santo acceso libre a nuestras vidas, dejando que llene nuestras vidas de su poder. El Espíritu Santo es el fuego del avivamiento, Él es quien que nos da el poder para vivir una vida victoriosa, pero esta se recibe en nuestro tiempo diario de oración en su presencia. 
¿Cómo está tu alta? 
¿Hay fuego en el altar? 
¿Cómo te mantienes ardiendo en este fuego?

Oración:                     

  • Pedir perdón por toda frialdad en su vida,
  • Comprometerse a cada día “poner más leña” en mi altar personal,
  • Pedir al Señor que nos dé una actitud de avivamiento, no guiado por las emociones.
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