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martes, 30 de junio de 2009

Día No 47 El Sacrificio Agradable al Señor


Lectura del día: Levítico 1:1 a 4:35
Verso Central Levítico 1:3

»Si el animal que ofrece en holocausto es de ganado vacuno, deberá presentar un macho sin defecto, a la entrada de la Tienda de reunión. Así será aceptable al Señor. (BAD)

Cuando se presentaba al Señor una ofrenda por el pecado esta debería de ser una ofrenda que fuera pura y sin defecto. En estos primeros capítulos de Levíticos tenemos las indicaciones que Dios le daba al pueblo sobre el tipo de ofrendas y quienes y cuál era la forma que se deberían de ofrecer estas ofrendas. Estas ofrendas y como se deberían de ofrecer variaban de acuerdo a la ofensa, y también dependía de quien había cometido la ofensa, pero una cosa tenía en común; Dios exigía que estas fueran de animales sin defecto, "Si el animal que ofrece en holocausto es de ganado vacuno, deberá presentar un macho sin defecto, a la entrada de la Tienda de reunión.  Así será aceptable al Señor. (Lev 1:3 NVI) Veamos también este pasaje, "Si alguien ofrece ganado vacuno al Señor como sacrificio de comunión, deberá presentarle un animal sin defecto, sea macho o hembra. (Lev 3:1 NVI) 

El principio bíblico que se implicaba al demandar que las ofrendas fueran puras, era resaltar el carácter santo de Dios. Dios es santo y por lo tanto las ofrendas deberían reflejar su carácter. El segundo principio que se implicaba, era la necesidad de que hubiera un pago y juicio por el pecado. Para que hubiera perdón de los pecados, tenía que haber un sacrificio por el mismo. Sin un sacrificio no se podía absolver a la persona de su pecado. Además, este tenía que ser de un animal que fuera puro y si defecto, esto declaraba la santidad de Dios, la pureza del sacrificio era demandada por la santidad de Dios, ese sacrificio “tomaba” simbólicamente el lugar del pecador. Por supuesto todos los sacrificios apuntaban hacia el sacrificio supremo de Jesús en la cruz del calvario, porque el satisfacía todas las demandas de la ley. Jesus nunca peco, y se ofreció como el sacrificio perfecto para el perdón de los pecados. Jesús satisfacía las demandas de la ley al morir en la cruz. Pero esos sacrificios son un recordatorio anual de los pecados, ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo: “Á ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo; no te agradaron ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. Por eso dije: “Aquí me tienes—como el libro dice de mí—. He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad.” »Primero dijo: «Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado» (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran). Luego añadió: “Aquí me tienes: He venido a hacer tu voluntad.» Así quitó lo primero para establecer lo segundo. Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre. (Hebreos 10:3-10 BAD) 

En este día demos gracias a Dios por el sacrificio perfecto de nuestro Señor Jesús, que, al morir en la cruz, nos abrió la puerta al perdón de nuestros pecados, e hizo posible nuestra reconciliación con el padre. Por último, necesitamos todos los días, presentarnos nosotros mismos a Dios como una “ofrenda” agradable, viviendo una vida que no se amolda a este mundo, y viviendo en su presencia en santidad. Nosotros mismos somos el sacrificio que ahora Dios espera de nosotros. Este sacrificio vivo es una vida consagrada a vivir de acuerdo a los principios de la palabra de Dios, este es el nuevo sacrificio agradable a los ojos de Dios. Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (Rom. 12:1-2 NVI)

Oración:                                                                                                       
  • Tomar el tiempo para dar gracias a Dios por el sacrificio de su hijo a favor nuestro.
  • Dedicar este día nuestras vidas para ser un sacrificio agradable ante Dios.

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jueves, 30 de abril de 2009

Día No 40 Pactando con el Señor


Lectura del día: Ex. 22:1 a 24:18
Verso Central Éxodo 24:7

Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha dicho haremos y obedeceremos.

Pactar con Dios es asunto de mucha seriedad, porque nos estamos comprometiendo con Dios. Un pacto entre Dios y nosotros, incluye las cosas que él nos ha prometido darnos, pero también demanda de nosotros ciertas responsabilidades. Como este contrato es entre un Dios que es santo y una persona que es pecadora, los pactos con Dios demandaban que se efectuara un sacrificio, de esta forma la persona podía entrar en pacto con Dios. Al ser el pacto confirmado por el sacrificio, ese pacto era irrevocable. Mientras Dios cumpla con su parte, el hombre no puede faltar a su parte. El pacto entre Dios y el hombre consistían de los siguientes puntos; Dios declara su intención de bendecidnos, y quiere hacer un pacto con nosotros, En segundo lugar, nos declara cuales bendiciones recibiremos. En tercer lugar, declara las condiciones que debemos de llenar para que esas bendiciones se cumplan. Por último, este es sellado de mutuo y libre acuerdo con un sacrificio.  En el capítulo 24 tenemos la narración del pacto que Dios hizo con el pueblo de Dios. Entonces Dios dijo a Moisés: Sube hacia el SEÑOR, tú y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel, y adoraréis desde lejos. Sin embargo, Moisés se acercará solo al SEÑOR, y ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él. Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del SEÑOR y todas las ordenanzas; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho. (Ex. 24:1-3) En primero lugar Dios llamo a su pueblo, y les declara su intención de pactar con ellos, y después Moisés les declara los requisitos que Dios pedía de ellos, el pueblo acepta las condiciones y se disponen a entrar en pacto. El siguiente paso demando que se hiciera un sacrificio, Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR. Levantándose muy de mañana, edificó un altar al pie del monte, con doce columnas por las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, que ofrecieron holocaustos y sacrificaron novillos como ofrendas de paz al SEÑOR. Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad de la sangre la roció sobre el altar. (Ex. 24:4-6) Moisés tomo la mitad de la sangre y la roció sobre el altar, indicando que Dios cumpliría sus promesas, enseguida tomo la otra mitad y después de leer la ley, roció al pueblo con la sangre, Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el SEÑOR ha dicho haremos y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y la roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que el SEÑOR ha hecho con vosotros, según todas estas palabras. (Exo 24:7-8) Ahora tanto el Señor como el pueblo quedaban unidos por la sangre del sacrificio, quedando comprometidos mutuamente a cumplir cada uno con la parte que le correspondía del pacto
La Biblia declara que nosotros somos parte de un mejor y nuevo pacto, Por eso Cristo es mediador de un nuevo pacto, para que los llamados reciban la herencia eterna prometida, ahora que él ha muerto para liberarlos de los pecados cometidos bajo el primer pacto. (Heb. 9:15 NVI) también declara, "Éste es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente. “Después añade: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades." (Heb. 10:16-17 NVI) En el caso del nuevo pacto, el sacrificio es la muerte de Jesús y su sangre que nos limpia de todo pecado. De nuestra parte requiere nuestra consagración personal a Dios, no para llenar los requisitos del pacto, pero como fruto de agradecimiento y por la nueva vida recibida. (Rom.12:1) Hay personas que para todas las cosas “hacen pactos” o promesas a Dios, y luego al día siguiente se olvidan lo que prometieron. A veces se hace por ignorar la seriedad de lo que significa un pacto, y otras por la inconsistencia de la persona. Si tú has hecho pactos, votos, o promesas al Señor, piensa seriamente si estas cumpliendo con el Señor cada cosa que has pactado con el Señor. Cuida de ser fiel a tus palabras, porque de lo contrario el Señor te demandara cada una de las promesas que le has hecho. También, como en el caso del pueblo de Dios, cada vez que ellos fallaron a su parte del pacto, Dios permitió que la maldición viniera a sus vidas por su desobediencia. El cumplimiento de nuestra parte del pacto produce bendición, nuestro fallo le abre la puerta a la maldición.
Oración:                                                                                                                             
  •  ¿Qué pactos, promesas o votos necesitas simplemente hiciste a la ligera?
  • ¿Qué pactos, votos, o promesas has entrado con Dios y no estás cumpliendo?

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miércoles, 9 de julio de 2008

Día No 3 “La Gran Misericordia de Dios”


Lectura del día: Génesis 7:1 a 9:29
Verso Central       Génesis 8:21

Y el SEÑOR percibió el aroma agradable, y dijo el SEÑOR para sí: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho.

El Corazón de Dios apasionadamente busca rescatar y restaurar al hombre a pesar de que este, por su pecado siempre ha estado buscando su misma destrucción. Qué ironía que mientras Dios hace todo lo que puede sin violar su voluntad para salvar y restaurar al hombre, este hace todo lo que está dentro de sus fuerzas para destruir su vida. Esta ha sido la historia de la humanidad. Si Dios hubiera permitido que libremente el hombre cosechara lo que ha estado sembrando, hace mucho tiempo que la raza humana hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Tan solo deberíamos de pensar en nuestra vida misma, y todas las oportunidades que Dios nos ha dado, y como él ha nos mostrado su misericordia, a pesar de que nosotros no siempre hemos sido merecedores de la misma. ¿Podríamos enumerar las muchas veces en que Dios ha tenido de nosotros misericordia y no lo merecíamos? Dios siempre ha sido misericordioso con nosotros, este es un hecho que nadie puede negar.
Dios siempre ha intervenido para poner un alto a la maldad, o para poner un alto al pecado de la humanidad, y para llamar a los hombres al arrepentimiento, con el fin que se aparten de su pecado y el pueda volver a bendecirlos. En los días de Noé la condición de la raza humana era terrible, la escritura nos describe su condición de la siguiente forma, Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal. (Gen. 6:5) Al ver la maldad de los hombres, Dios mando su juicio en forma de un diluvio, pero a pesar de que este juicio era el resultado de la gran maldad del hombre, Dios busco a un hombre que fuera justo, a través del cual preservaría, al ser humano. Dios instruyo a este hombre que construyera un arca, para que en ella se salvaran él y su familia, así como toda clase de género de animales.
Aun a pesar de que el hombre había causado este terrible juicio de Dios, cuando Noé ofreció un holocausto de adoración (como representante de toda la raza humana) a Dios, el corazón de nuestro Dios fue movido a misericordia. Esta es la forma que el escritor de Génesis lo narra, Y edificó Noé un altar al SEÑOR, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y el SEÑOR percibió el aroma agradable, y dijo el SEÑOR para sí: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán. (Gen 8:20-22) Si bien Dios no detuvo el diluvio, después de esta ofrenda de adoración de Noé, Dios quita la maldición de la raza humana, y declara que jamás permitirá que este mismo juicio viniera sobre el ser humano. Desde el principio de la historia del hombre Dios ha mostrado cuán grande es su misericordia. Jeremías declaro, El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!» Bueno es el Señor con quienes en él confían, con todos los que lo buscan. (Lam. 3:22-25 BAD) También el profeta Joel exhorta al pueblo a arrepentirse de su pecado y clamar por la misericordia del Señor,  Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al SEÑOR vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal. (Joel 2:13) 
Que fácil es para cada uno de nosotros unirnos a las palabras de los profetas, porque al igual que ellos, nosotros experimentamos su gracia y misericordia cada mañana, y al igual que el profeta Joel, cuando nos hemos arrepentido, hemos visto su misericordia en nuestras vidas. Tomemos este día tiempo para dar gracias a Dios por la misericordia que nos ha demostrado cada día.
Oración:                                                                                                                             

  • Tomar un tiempo para dar gracias a Dios por todas las misericordias que nos ha mostrado.
  • Pedir que nos dé un corazón agradecido por todas sus bondades.
  • Al mismo tiempo desechemos de nuestras vidas todas aquellas cosas que no son agradables a los ojos de nuestro Dios.

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