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lunes, 3 de agosto de 2009

Día No 52, Sacando a Egipto del Corazón


Lectura del día: Lev. 16:1 a 18:30
Verso Central Levítico 18:1-3

El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: “Yo soy el Señor su Dios. No imitarán ustedes las costumbres de Egipto, donde antes habitaban, ni tampoco las de Canaán, adonde los llevo. No se conducirán según sus estatutos, (NVI)

El propósito de la ley de Dios era formar una nación que fuera diferente a las demás naciones que rodeaban a la recién nacida nación de Israel. Así como el Señor es santo, su nación debería de reflejar el carácter de su Dios. Las leyes y estatutos que Dios dejo por medio de Moisés tenían ese propósito. La tarea que Moisés y después Josué tenían por delante era una tarea enorme. En una sola generación se formaría el carácter distintivo de esta nación como el pueblo de Dios. Los judíos habían vivido por más de cuatrocientos años en la tierra de Egipto, y durante este tiempo como vemos en los escritos de Moisés, la gente se había adaptado a la cultura egipcia, o había tomado las costumbres, la religión y gustos de los egipcios. El plan de Dios era que, en una sola generación, se formara el carácter de la nación que Dios había escogido como su pueblo. A los Israelitas les costó dejar sus costumbres y manera de ser porque había tras ellos una historia de más de cuatrocientos años en los cuales vivieron bajo la esclavitud y la influencia de los egipcios. Aun cuando salieron fuera de Egipto, geográficamente estaban en otra tierra, y se dirigían a la tierra que Dios les prometió. 

Sacar a la gente de Egipto, fue más fácil que sacar del corazón de la gente a Egipto. Esto se constituyó en una de las razones que más llevaron a la gente a rebelarse en contra de Dios. Cuando uno entiende esto, se da cuenta porque Dios fue radical en las demandas que se dieron a través de la ley; Dios quería formar en una sola generación una nación que reflejara su carácter de santidad, los judíos deberían de ser la nación santa, y para lograr este propósito Dios instituyo cada una de las leyes y estatutos. Veamos unos ejemplos de esto; Dios instituyo el gran día de la expiación en la cual la nación entera detenía todo trabajo y actividad para ayunar y santificarse delante de Dios. Este era un día de humillación y de pedir perdón a Dios por los pecados, Y esto os será un estatuto perpetuo: en el mes séptimo, a los diez días del mes, humillaréis vuestras almas y no haréis obra alguna, ni el nativo ni el forastero que reside entre vosotros; porque en este día se hará expiación por vosotros para que seáis limpios; seréis limpios de todos vuestros pecados delante del SEÑOR. Os será día de reposo, de descanso solemne, para que humilléis vuestras almas; es estatuto perpetuo. (Lev 16:29-31) Quedaba estrictamente prohibido hacer sacrificios a los ídolos/demonios, El propósito de este mandamiento es que los israelitas lleven al Señor los sacrificios que suelen hacer en el campo.  Deberán llevarlos al sacerdote, a la entrada de la Tienda de reunión, y ofrecérselos al Señor como sacrificios de comunión. El sacerdote derramará la sangre sobre el altar del Señor, a la entrada de la Tienda de reunión, y quemará la grasa como aroma grato al Señor. Y nunca más volverán a ofrecer ningún sacrificio a sus ídolos que tienen forma de machos cabríos, con los que se han prostituido.  Éste es un estatuto perpetuo para ellos y para sus descendientes. (Lev 17:5-7 NVI) Lo que aquí se está mencionando es una costumbre de la religión egipcia, ellos tenían un dios, llamado Pan, que era representado con cuernos y orejas en la forma de cabra; Los egipcios practicaban sacrificar a este dios varios tipos de animales. Ahora solamente se podía ofrecer sacrificios a Dios. Además, los egipcios, tenían la costumbre de practicar la prostitución pública como parte de los ritos, así como el bestialismo. Especialmente la relación sexual religiosa de mujeres con cabras que representaban a ese Dios. Muchas de las leyes mencionadas en los capitulos de nuestra lectura de este dia, refieren a este problema, donde se condena el bestialismo, el incesto, adulterio, y el homosexualismo. 

Al final Dios les advierte que, si Israel siguiera el ejemplo de las naciones que Dios había desposado de esa tierra, para dárselas por herencia, ellos también sufrirían la misma suerte si seguían sus costumbres y pecados. De igual forma, Dios está formando en cada uno de nosotros su carácter y santidad. Dios nos ha llamado a ser la sal y la luz de esta tierra, y no importa cuáles son las ideas, principios gustos, y modas de la sociedad que vivimos, más que ninguna otra cosa somos el pueblo de Dios, somos el templo del Espíritu Santo, somos el cuerpo de Cristo, y por lo tanto debemos de vivir una vida que refleje la santidad de Dios y los principios de su reino. La obra del Espíritu de Dios y los principios de vida que tenemos en su palabra, son el medio por el cual Dios está formando en nosotros su carácter santo, para que lo podamos reflejar en un mundo que está lleno de pecado, maldad, y destrucción.
Oración:                                                                                                  
Consagrar ante Dios todo nuestro ser, y pedirle que te de discernimiento para examinar tu vida a la luz de sus mandamientos.

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lunes, 20 de julio de 2009

Día No 50, Sed Santos así como yo Soy Santo




Lectura del día: Levitico 11:1 a 13:46
Verso Central Levítico 11:44

"Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra.

El pueblo de Dios debe tener como distintivo de su carácter la santidad. La santidad es el reflejo de quiénes somos y quien es nuestro Dios. Nuestro Dios es santo y nosotros debemos de reflejar su carácter de santidad. Cuando hablamos de la santidad de Dios, nunca hablamos de que Dios tiene santidad, porque entonces estaríamos hablando de niveles de santidad, o de cantidades, sino que cuando la Biblia habla de la santidad de Dios, simplemente dice que Dios es santo. Su santidad es una parte integral de quien es nuestro Dios. De la misma manera su Iglesia y de una manera individual cada discípulo de Jesús debe aspirar a tener un estilo de vida que refleje la santidad de Jesús quien mora en nosotros. Esto no es la mera aspiración de ser mejor, o de vivir vidas ejemplares, sino que es la manifestación de quienes somos; somos el pueblo que Dios ha seleccionado para manifestarse a este mundo. 
Esa fue la oración de Jesús por su Iglesia, Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (Juan 17:17-19) Por eso es necesario que la aspiración individual de cada discípulo es vivir en santidad, ya que nuestro Dios es santo. Cuando uno lee estos pasajes de la ley, se puede “captar” el sentir de santidad que Dios quería que tuviera su pueblo. Cada una de las leyes que leímos este día, como en los días anteriores y en los siguientes, nos hablan de la seriedad con la cual la ley de Dios trata al pecado, o lo que es inmundo. Si bien se puede decir que muchas estas leyes cumplían una función social de higiene y de salud física del pueblo, y por supuesto muchas de ellas solamente fueron para el pueblo de Israel. Más que una función social, estas leyes, así como todas las demás que se mencionan en el Pentateuco, tienen el propósito de apuntar a una verdad central de la revelación de Dios; su santidad. Antes que ninguna otra cosa, estas leyes indicaban claramente que Dios era santo, y que su pueblo debería de ser santo. Por esta razón el pueblo o la persona que tiene una relación con el debe de tener un estilo de vida que manifieste ser una persona en la cual mora un Dios santo, quien le imparte su misma naturaleza. Dios declara a través de Moisés, "Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo. No os contaminéis, pues, con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. "Porque yo soy el SEÑOR, que os he hecho subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos porque yo soy santo." (Lev. 11:44-45) Si bien en nuestros días no estamos sujetos a estas leyes acerca de la comida y de las enfermedades, el principio Bíblico nunca cambia y detrás de estas leyes, debemos de entender el principio moral o el “espíritu” de estas leyes, nuevamente, "Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo... (Lev. 11:44) 
Hoy en día, el mismo principio bíblico se aplica a cada uno de nosotros, ya que los principios de Dios son eternos. Cuando nosotros seguimos los principios de Dios estaríamos reflejando a Dios, y lo que nos debería de distinguir, es su santidad. Como pueblo, o discípulo en el cual Dios mora, nuestro estilo de vida necesita ser de tal manera que reflejemos su santidad, en el trato y convivio con cada persona con la cual tenemos contacto. El principio bíblico no ha cambiado, sigue siendo el mismo; Sed Santos porque Yo soy santo. Pero es importante saber que esto no es algo que se logra mediante el esfuerzo humano, o por medio de la disciplina personal. No se trata de imitar a Jesús, sería ridículo pensar que, mediante el esfuerzo personal, podemos imitar a Jesús. La santidad es el resultado natural de la impartición de su vida en nosotrosLa santidad es el resultado de “morir” a nuestra vieja naturaleza, por medio del Espíritu. La santidad principalmente es el resultado “natural” de nuestra unión con Jesús, y además el Espíritu que mora en nosotros es el que pone en nosotros el deseo, y el poder para vivir en santidad.
Oración:                                                                                                                             
  • ¿Cómo estas manifestando a las personas que rodeas que sirves a un Dios que es santo?
  • ¿Ante todas las cosas eres la luz y la sal en tu mundo?
  • ¿Qué cosas específicas tienes que cambiar para vivir en santidad?

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martes, 5 de mayo de 2009

Día No 41 Dios Morando en Medio de su Pueblo


Lectura del día: Ex. 25:1 a 27:21
Verso Central Éxodo 25: 8

Después me harán un santuario, para que yo habite entre vosotros. (BAD)

Dios no necesita un templo donde “habitar” pero El desea “habitar” en medio de su pueblo y por ese motivo ordeno la construcción del tabernáculo. El tabernáculo era un lugar muy elaborado de adoración, que tenía el propósito de comunicarle al pueblo este mensaje; Soy un Dios santo, que anhela morar en medio de mi pueblo que he escogido para mí. Desde el diseño, hasta cada uno de los artículos que eran parte del tabernáculo, comunicaba claramente este mensaje; Yo soy un Dios santo, y me es imposible habitar en un pueblo que es pecador, a pesar de esto, mi deseo es estar en medio de ustedes, y he proveído estos ritos y sacrificios, como un medio para que se puedan acercar a mí. 
Algunas personas cuando leen sobre la construcción del tabernáculo y todos los elementos que se usaban solamente se enfocan en un aspecto de la personalidad de Dios; su santidad. <Ofrecemos ante ti, al vivo, al verdadero, al eterno Dios,”
se llenó repentinamente de terror.” ¿Quién soy yo que pueda levantar mis ojos y mis manos a su divina majestad? Él tenía esto en su mente. ¿Los ángeles le rodean, ante su señal la tierra tiembla, y yo siendo un miserable gusano, le digo, quiero esto, te pido por aquello? Si solamente soy polvo y cenizas y lleno de pecado, y estoy hablando con el eterno y viviente y verdadero Dios. Sus rodillas temblaban. Después de todo estaba ante el Dios del Antiguo Testamento, que destruía aquellos que eran indignos ante su presencia. El monte Sinaí tembló con su furia; ningún hombre podía ver su rostro y vivir. Y ahora él, Martín Lucero, se atrevía pararse ante el altar. Pálido y tembloroso, apenas se mantuvo de pie.>>*Si bien es cierto que no podemos ignorar la santidad de Dios, no debemos olvidar que fue Dios quien quiso que se construyera ese lugar, y cuando le dio a Moisés la orden de construirlo, le declaro la razón porque Dios quería que se edificara el tabernáculo, Después me harán un santuario, para que yo habite entre vosotros. (Exo. 25:8 BAD) El Tabernáculo se construyó porque Dios anhela morar en medio de su pueblo, y él les estaba dando el lugar, y los medios posibles para que se cumpliera su propósito
Para nosotros los discípulos de Cristo, el tabernáculo principalmente nos habla de Cristo, o como dice el escritor del libro de Hebreos, el tabernáculo es sombra de las cosas celestiales y que el verdadero sacrificio reconciliador entre Dios y su pueblo, lo realizo a través de su hijo amado. El tabernáculo nos habla de la encarnación de Cristo, quien, siendo Dios, y nosotros pecadores, el tomo nuestra condición humana, para darnos a conocer al padre, y para convertirse en el nuevo y final sacrificio de Dios que acercaría a los hombres a Dios. En este día tomemos en nuestro tiempo de oración tiempo para dar gracias a Dios, por su santidad, y también por su puesto por darnos en Cristo el medio para que podamos encontrarnos con él.
 Jesús nos abrió la puerta directa de acceso a la presencia de Dios.  Por medio de su sangre que derramo en la cruz del calvario, ahora nosotros podemos venir con confianza a la presencia de Dios, sabiendo que él nos acepta y nos ama. Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. (Heb. 10:19-22 NVI)
Oración:                                                                                                                             
·         Tomemos un tiempo para dar gracias a Dios por anhelarnos de tal manera que estuvo dispuesto a mandar a su hijo a ser el sacrificio reconciliador entre nosotros y el.
·         Dar gracias por hacernos dignos de venir a su presencia.

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* Tomado del libro; “Siendo el Cuerpo,” Un Nuevo llamado para la Iglesia a ser la Luz en las tinieblas Por, Charles Colson y Ellen Vaughn. Pag. 280, y 281