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lunes, 30 de noviembre de 2009

Día No 67 El Pecado es la Puerta al Fracaso

Lectura del día:        Num. 25:1 - 26:34; 1 Cron.7:14-19;  Num. 26:35-37; 1 Cron.7:20-29; Num. 26:38-65
Verso Central   Números 25:12-13

Dile,  pues,  a Finés que yo le concedo mi pacto de comunión, por medio del cual él y sus descendientes gozarán de un sacerdocio eterno,  ya que defendió celosamente mi honor e hizo expiación por los israelitas." (NVI)


El “espíritu moabita” siempre ha sido uno de los “espíritus” más exitosos en desviar al creyente del plan de Dios para su vida. Cuando el enemigo falla por medio de la persecución, tentación, o de cualquier otro medio externo, para detener el propósito de Dios en la vida del discípulo, su recurso más efectivo, siempre ha sido el de seducir a los discípulos con los deseos de la carne. El espíritu moabita representa la seducción de los hijos de Dios a través de los deseos de la carne. En nuestra historia de hoy, lo vemos manifestado en la sexualidad desordenada, el desenfreno, y la idolatría. En los capítulos anteriores vemos que los reyes de los moabitas habían contratado a Balaam para que maldijera al pueblo de Dios. En esa ocasión los israelitas habían sido protegidos por Dios, y ninguna de las maldiciones que se declararon sobre ellos, les afecto, antes bien, Dios uso a Balaam para bendecir a Israel. Cuando Balaam vio que no podía maldecir a los hijos de Dios, entonces recurrió a la estrategia que lamentablemente, rara vez le ha fallado; seducir al pueblo (discípulos) con los deseos de la carne, ya que, al ceder a la seducción, se le está abriendo la puerta a la maldición. He aquí, éstas fueron la causa de que los hijos de Israel, por el consejo de Balaam, fueran infieles al SEÑOR en el asunto de Peor, por lo que hubo plaga entre la congregación del SEÑOR. (Num. 31:16) 
Lo que le “abrió” la puerta a la “plaga” ocurrió cuando los hijos de Dios permanecieron en la cercanía de esta ciudad influenciada por una religión sensual, Mientras los israelitas acampaban en Satín, comenzaron a prostituirse con las mujeres moabitas, (Num. 25:1 NVI) 

El enemigo sabía que mientras el pueblo estuviera caminando en santidad no lo podía tocar, pero al participar del pecado, ellos mismos le abrieron la puerta a la maldición

En vez de acampar cerca de la influencia de esta nación pagana, ellos deberían de haber seguido avanzando en el propósito de Dios. Al quedarse cerca de ellos, fueron influenciados a participar de sus festivales donde se honraba a sus dioses y se practicaba los rituales de prostitución sagrada. Eso es lo que quiere decir cuando menciona que se comenzaron a prostituirse con las mujeres moabitas. 

Los sacrificios a sus dioses era un festival o celebración a sus dioses en los cuales se ofrecía sacrificios, ritos y comidas en conexión con la adoración del dios moabita llamado Baal Peor. En estos sacrificios una de las practicas era que las mujeres tanto casadas como solteras, se ofrecían sexualmente a los que adoraban a este dios. Para los Cananitas el acto sexual representaba la unión del adorador tanto física y espiritual con su dios. Este tipo de prostitución “sagrada” era una forma de que el hombre se unía a su dios. Los israelitas eran el pueblo escogido por Dios, y ellos al participar de la adoración moabita, estaban aceptando a Baal y rechazando al único Dios verdadero. 

Ellos se olvidaron del pacto que habían hecho con Dios. Por esta razón cuando el pueblo se “unió” al dios Baal Peor, la reacción de Dios, fue la de cortar definitivamente a los que olvidaron que ellos eran el pueblo santo de Dios, Entonces el Señor le dijo a Moisés:  "Toma a todos los jefes del pueblo y ahórcalos en mi presencia a plena luz del día, para que el furor de mi ira se aparte de Israel." Moisés les ordenó a los jueces de Israel:  "Maten a los hombres bajo su mando que se hayan unido al culto de Baal Peor." (Num. 25:4-5 NVI) 
El enemigo sabe muy bien que mientras vivamos una vida bajo los principios de su palabra, El no podrá tocarnos, y no podrá detener el propósito de Dios en nuestras vidas. Los enemigos del pueblo de Dios sabían que esta era su última oportunidad de detener el avance de Israel, ya que estaban a las puertas de la tierra prometida, y solamente el pecado podría detenerlos. El pueblo fue influenciado, porque permaneció en medio de esta gente el tiempo suficiente como para bajar su guardia y permitir que la tentación los sedujera. 
¿Has permitido que a través de los deseos de la carne el enemigo te robe lo que Dios tiene para tu vida? ¿Qué necesidades hay en tu vida que el enemigo puede explotar para derrotarte? 
Por último, no nos expongamos a la mala influencia de las modas y costumbres de este mundo. Debemos de cuidar nuestros sentidos, y no dejar que la sensualidad cautive nuestro corazón. (Leer Romanos 12:1-2.) 

Oración:                                                                                                 - Consagra a Dios este día tu vida, y no permitas que el deseo de la carne te robe su propósito.
No “permanezcas” cerca de aquellas cosas, o personas que te influenciaran para pecar.

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martes, 11 de agosto de 2009

Día No 53 La Santidad y La Obediencia


Lectura del día: Lev. 19:1 a 21:24
Verso Central Levítico 19:1-2

El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera: "Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (NVI)

Vivir una vida en santidad es una exigencia de aquellos que son discípulos de Jesús. La santidad no es una opción, que está determinada por nuestra voluntad, sino que se exige de todos los discípulos de Jesús. Más que una opción, la santidad es una parte integral de aquellos que han experimentado el poder renovador del evangelio en sus vidas. Aunque vivir una vida en santidad es algo que se requiere de los discípulos de Jesús, la motivación principal el amor que tenemos en nuestros corazones por nuestro Señor y Dios. 
Cuando yo me convertí en discípulo de Jesús, había una idea entre algunos de los primeros creyentes que conocí. Según ellos, lo que más interesaba en la vida cristiana era la “sinceridad” y que lo que hicieras saliera del corazón. En otras palabras, podías hacer cosas equivocadas, pero si eras sincero, Dios todavía se agrada de eso. Por ejemplo, un día una persona estaba comentando que ella no podía dar sus diezmos porque tenía una gran necesidad, solamente entregaba una pequeña ofrenda y que pensaba que Dios estaba de acuerdo porque lo hacía con sinceridad. También una pareja que no se había casado, se justificaba diciendo que ellos no estaban mal en vivir en “unión libre, porque lo más importante es que se “amaban” y que eran sinceros en su relación. “Lo que Dios ve es que seamos sinceros en nuestros sentimientos” esa era su justificación. También en una ocasión, una persona se quejaba conmigo porque decía que el pastor ponía presión en la gente para evangelizar a su familia y amigos. Esta persona estaba en desacuerdo porque decía que, si no le salía del corazón ganar a sus amigos, Dios no se agradaba de eso porque no salía del corazón. Aun un amigo mío, me decía que no le gustaba uno de los maestros que teníamos en la escuela Bíblica porque ese maestro (de Adoración) nos decía que levantáramos las manos, y que habláramos en voz alta durante el tiempo de la adoración y alabanza; “Como se atreve a pedirnos que levantemos las manos, si yo no lo hago de corazón no sirve de nada”. Otro se justificaba, no comprometerse con ninguna iglesia, diciendo, “es que no me nace de corazón ser parte de ninguna Iglesia” estoy orando para que Dios ponga en mi corazón el “sentir” de unirme a alguna congregación, mientras seria en vano ser parte de una congregación, porque no lo “siento”, y así tengo libertad de ir a cualquier congregación que yo sienta. 
Si bien es cierto que Dios espera que hagamos las cosas con todo el corazón, y espera que seamos sinceros en todo lo que hacemos, el secreto de la santidad no está ni en que sea de corazón, o que seamos sinceros en nuestros sentimientos, sino en la OBENDIENCIA. Yo puedo ser sincero en lo que hago, pero si mi “sinceridad” contradice lo que las escrituras enseñan, estoy “sinceramente equivocado”. Por otro lado, es cierto que todo lo que hagamos debe de ser de corazón, pero si no he aprendido a obedecer, y si mi corazón es rebelde, nunca podré hacer la voluntad de Dios. Más importante que la sinceridad nuestra, o que “sintamos hacer algo o no” es nuestra obediencia a Dios. Tanto el sentir, y la verdadera sinceridad deberían ser el fruto de nuestra obediencia. Muchas veces no tendremos deseos de hacer algo, pero si simplemente obedecemos sin importar cual se nuestro “sentir”, si obedecemos el “sentir” sugerirá de nuestra obediencia. 
Por esta razón en los pasajes que hemos estado leyendo se ha enfatizado, y hasta cierto punto se exigía que el pueblo de Dios viviera en obediencia. El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera:  "Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (Lev 19:1-2 NVI) El Señor le ordenó a Moisés (Lev 20:1 NVI) El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los sacerdotes, hijos de Aarón… (Lev 21:1 NVI) El primer paso para la santidad es la obediencia a los principios de la palabra de Dios, independientemente de que lo sienta o no lo sienta; Dios se agrada ante todo de nuestra obediencia.
Oración:                                                                                                  
·       Renunciemos a toda actitud equivocada que tengamos ante la obediencia.
·       Renunciemos a la actitud rebelde que no nos permite vivir en Santidad.

·       Pidamos al Señor que nos de pasión por andar en su santidad.


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