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lunes, 19 de abril de 2010

Día No 84 La Consagración produce una vida victoriosa

Lectura del día:        Josué 3:1 - 6:27
Verso Central   Josué 3:5

Entonces Josué dijo al pueblo: Consagraos, porque mañana el SEÑOR hará maravillas entre vosotros.


La consagración es necesaria para tener el respaldo de Dios en todo lo que hagamos. En este contexto, la palabra consagración incluya ambas ideas; la separación de todo lo que ofende a Dios, y la obediencia a sus mandamientos. Es imposible que Dios respalde con su poder a las personas que no vivan en santidad, y en consagración a sus propósitos. 
En la historia de este día, los hijos de Israel estaban enfrente del río Jordán, a las puertas de la tierra prometida. Muy de mañana, Josué y todos los israelitas partieron de Sitín y se dirigieron hacia el río Jordán; pero antes de cruzarlo, acamparon a sus orillas. (Josue 3:1 BAD) Fue precisamente ahí, antes de cruzar, que Dios les indico las condiciones precisas para que su poder estuviera con ellos y así pudieran tener éxito en conquistar la tierra prometida. Lo primero que Dios les pidió fue una verdadera consagración como un prerrequisito para que se manifestara su poder y vieran las maravillas que haría a su favor, Josué le ordenó al pueblo: "Purifíquense, porque mañana el Señor va a realizar grandes prodigios entre ustedes." (Josue 3:5 NVI) 
Este mismo principio de santificación como requisito para tener el respaldo de Dios, es visto a través de toda la Biblia y nos enseña que las personas que tenían el respaldo de Dios, fueron personas que se habían santificado (apartado) del pecado y consagrado a cumplir los propósitos de Dios en su generacion. (En nuestro contexto como discípulos de Jesús; tenemos el mismo desafio). Este requerimiento no ha cambiado y sigue vigente para nuestros días, Pablo exhorta a Timoteo, A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: “El Señor conoce a los suyos”, y esta otra: “Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor". En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena. (2Ti 2:19-21 NVI) Nosotros al igual que los hijos de Israel debemos de consagrarnos como “vasos” que deseamos que Dios nos use. 
Después de que cruzaron el río Jordán, el pueblo todavía necesitaba pasar por el rito de la circuncisión, este rito era lo que identificaba a los judíos como parte del pacto que Dios había hecho Abraham, esta es la parte de la consagración. Durante el tiempo que estuvieron en el desierto, muchos de ellos nacieron, y sus padres nunca se había preocupado porque sus hijos fueran circuncidados, esto manifestaba la rebeldía, y falta de consagración que habían recibido de sus padres. Por esta razón Josué los circuncida, quitando de sus vidas todo vestigio de falta de consagración como pueblo de Dios, Una vez que todos fueron circuncidados, permanecieron en el campamento hasta que se recuperaron. Luego el Señor le dijo a Josué: "Hoy les he quitado de encima el oprobio de Egipto."  Por esa razón, aquel lugar se llama Guilgal hasta el día de hoy. (Josue 5:8-9 NVI) Después de que se “consagraran” estaban listos para que el poder de Dios se manifestara en sus medios. 
Después de que el líder había llevado al pueblo a una mayor consagración, Dios se revela a Josué de una manera más especial, y les muestra que de ahora en adelante mientras ellos se continúen “santificando” y no pierdan su “consagración” la victoria estaría segura; porque El iría delante de ellos, y les daría la victoria. Cierto día Josué, que acampaba cerca de Jericó, levantó la vista y vio a un hombre de pie frente a él, espada en mano. Josué se le acercó y le preguntó: —¿Eres tú de los nuestros, o del enemigo? —¡De ninguno! —respondió—. Me presento ante ti como comandante del ejército del Señor. Entonces Josué se postró rostro en tierra y le preguntó: —¿Qué órdenes trae mi Señor, para este siervo suyo? El comandante del ejército del Señor le contestó: —Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es sagrado. Y Josué le obedeció. (Josue 5:13-15 BAD). Esta es una escena muysimilar al momento cuando Moisés fue llamado y Dios le pidió que se despojara de sus sandalias. Josué tiene exactamente la misma experiencia de encontrarse con Dios, donde también al igual que Moisés, Dios le lleva a “santificarse” (eso es lo que el acto de quitarse las sandalias significaba) y a consagrarse (hacer su voluntad). Ahora que Dios había tratado con el pueblo y con el líder, el pueblo estaba listo para conquistar. Como lo demuestra la historia en el capítulo 6, ellos ahora estaban listos para conquistar y derribar muros. Se habían consagrado a Dios y ahora tendrían el respaldo Dios en sus vidas.
Oración:                                                                                               

·       Hacer una oración de consagración ante Dios de vivir vidas en santidad y obediencia a su propósito y su palabra.

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martes, 5 de enero de 2010

Día No 70 Sacando los Enemigos de Nuestra Tierra (Venciendo Nuestra Lucha interna)

Lectura del día:        Num. 32:1 - 33:56
Verso Central   Números 33:55

"Pero si no expulsáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, entonces sucederá que los que de ellos dejéis serán como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os hostigarán en la tierra en que habitéis.


El pecado es la puerta al fracaso. Todo pecado no confesado, o todo pecado que hemos permitido que continúe en nuestra vida, es puerta de ataduras, maldiciones, o será el argumento que el enemigo usará para atacarnos. Esto también se aplica a las heridas emocionales, resentimiento, complejos, o actitudes de derrota. 

En fin, todas las cosas negativas de nuestra antigua vida deben de “salir” de nuestro corazón, si es que deseamos vivir en completa victoria en todas las áreas de nuestra vida. 

La mayoría de las cosas que nos están estorbando para vivir una vida victoriosa, de alguna manera están relacionadas a cosas que hemos permitido de nuestra antigua vida. 

¿Por qué todavía seguimos con “ataduras” de nuestra antigua vida?

Porque no le hemos permitido al Espíritu que a través de la palabra transforme esas áreas de nuestras vidas. En la medida que nosotros permitamos al Espíritu que “saque” esas cosas de nuestra vida, veremos la victoria completa. Por ejemplo, si en mi matrimonio tuviera problemas por errores del pasado, mientras no demuestre un verdadero arrepentimiento de mis actos y esté dispuesto a restituir el daño causado, no podré tener una buena relación matrimonial. Porque mi cónyuge usara mi falta de arrepentimiento para estar constantemente atacándome en esa área de mi vida. Por otro lado, si he pedido perdón, pero si a mí cónyuge le cuesta perdonar, o tiene problemas con volver a confiar, esa será la “astilla” que nos estará constantemente molestando en nuestra relación matrimonial, aunque estemos viviendo juntos, aun a pesar de ser discípulos de Cristo. Además, esa también será la “puerta” por donde el enemigo podrá atacar nuestra relación. La solución a este dilema no es asunto de guerra espiritual, ni de ayunar, sino de simplemente “cerrar” esas puertas a través del perdón, la restauración, y la renovación diaria que viene de nuestra comunión con el Espíritu, y su obra de restauración y fortalecimiento a través de la palabra de Dios. Eso es precisamente lo que Dios le advirtió al pueblo de Dios cuando estaba a punto de introducirlos a la tierra prometida, (Num. 33:51-52, - 55, 56) Habla a los hijos de Israel, y diles: "Cuando crucéis el Jordán a la tierra de Canaán,  (52)  expulsaréis a todos los habitantes de la tierra delante de vosotros, y destruiréis todas sus piedras grabadas, y destruiréis todas sus imágenes fundidas, y demoleréis todos sus lugares altos;  (55)  "Pero si no expulsáis de delante de vosotros a los habitantes de la tierra, entonces sucederá que los que de ellos dejéis serán como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os hostigarán en la tierra en que habitéis.  (56) "Y sucederá que como pienso hacerles a ellos, os haré a vosotros."  

Al leer la historia del pueblo de Dios, nos damos cuenta, cuánta razón Dios tenía en prevenirlos, y pedirles que tenían que deshacerse de todas las cosas que hubiera en la tierra prometida que los llevara a la idolatría y a practicar los pecados de las naciones que Dios estaba expulsando de esa tierra. La razón por la cual el pueblo de Dios sufrió divisiones, invasiones, y en última instancia lo llevó a la cautividad, fue que ellos constantemente imitaban las prácticas idólatras y abominables de las naciones que ellos habían conquistado. Con la ayuda de Dios el pueblo de Israel conquistó la tierra prometida, pero nunca “limpiaron” totalmente la tierra de los dioses, y de las costumbres de esas naciones, por el contrario, las hicieron suyas, y llegaron hasta adorar a los dioses de las naciones que habían conquistado en Canaán. Vez tras ves, Dios mando los profetas que advertían a la nación que dejara de servir a otros dioses, ellos se arrepentían, pero pronto estaban de nuevo adorándolos. Al fin esto fue la causa de que Dios los desechará. 
¿Hay aguijones, y espinas en tu vida? 
¿Qué resentimiento, o herida te sigue estorbando? 

Por último, si algo queda claro en la lectura de este día, que desde el punto de vista de Dios debemos ser radicales con el pecado. Con el pecado debemos de ser radicales, no hay lugar para consentir en nuestra vida el pecado. Como Dios le dijera al pueblo de Dios, nosotros de la misma forma, ahora que somos discípulos de Cristo, debemos abandonar toda costumbre, o práctica que le abra la puerta al pecado, y nunca debemos tener una actitud tolerante con el pecado en nuestro corazón, esta es la única forma de no perder todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y de poder hacer nuestra la victoria que Cristo ya ganó por nosotros en la cruz del calvario.

Oración:                                                                                                  
·   Sabiduría para examinar la situación por la que atraviesas, y sus motivos.
·  Rendir al Señor todo lo que estorbe para que tengamos la victoria completa.
·  Permitir al Espíritu que nos limpia cada día a través de la palabra de Dios.

Te invito a declares esta oración diariamente para que puedas comenzar cada día declarando tu victoria (has click aquí para ver esta oración)


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martes, 15 de septiembre de 2009

Día No 58 Una Consagración Total a El


Lectura del día: Números 3:1 - 4:33
Verso Central Números 3:9

Pondrás a los levitas a las órdenes de Aarón y de sus hijos. Entre los israelitas, serán ellos los que estén totalmente dedicados a mí. (Num 3:9 NVI)

La consagración es un requisito para que Dios nos de su unción para servir en la Iglesia. El sacerdote en el pueblo de Israel consagraba su vida de por vida a servir al Señor, y su consagración era total. El principio bíblico que “extraemos” de estos pasajes de la Biblia es el siguiente: Solamente una persona que ha hecho una consagración total en todos los aspectos de su vida puede entrar en el ministerio, y terminar con éxito su carrera. En la familia de Moisés vemos claramente este principio establecido por Dios, porque para estar en ministerio sacerdotal Dios demandaba una completa santificación. Esto es lo que dicen los pasajes de hoy, "Haz que comparezcan ante ti tu hermano Aarón y sus hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar.  De entre todos los israelitas, ellos me servirán como sacerdotes. (Exo 28:1 NVI) Junto con su padre sus hijos fueron dedicados al santo servicio del sacerdocio, A los hijos de Aarón les harás túnicas, cinturones y mitras, para conferirles honra y dignidad. Una vez que hayas vestido a tu hermano Aarón y a sus hijos, los ungirás para conferirles autoridad y consagrarlos como mis sacerdotes. (Exo 28:40-41 NVI) Pero sus dos hijos mayores, en abierta rebeldía no siguieron las instrucciones claras y precisas que Dios les había dado en cuanto a la clase de sacrificios, y ofrendas que eran apropiados ofrecer. Veamos, Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario y, poniendo en ellos fuego e incienso, ofrecieron ante el Señor un fuego que no tenía por qué ofrecer, pues él no se lo había mandado. Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los consumió, y murieron ante él. (Lev 10:1-2 NVI) Por esta razón, Dios le recuerda a Moisés el compromiso que una persona hace con El, al ser consagrado a su servicio. 
También Dios había seleccionado a los levitas como la tribu que sería llamado al servicio del sacerdocio, en lugar de todos los primogénitos de todo el pueblo de Israel. Ellos serían los que harían las funciones del tabernáculo, y se encargaría de transportar, cuidar, y asistir en las funciones del tabernáculo a Aarón y sus dos hijos. Aunque ellos no ejercerían las funciones de ofrecer sacrificios, y no se permitía que vieran los artículos más consagrados del tabernáculo, ellos si estarían en contacto con todo lo que tiene que ver con el culto y la adoración de la nación, por lo tanto, su consagración a Dios sería muy importante. Dios le recuerda a Moisés la importancia de la consagración, El Señor le dijo a Moisés: "Trae a la tribu de Leví y preséntasela a Aarón.  Los levitas le ayudarán en el ministerio. Desempeñarán sus funciones en lugar de Aarón y de toda la comunidad, encargándose del servicio del santuario en la Tienda de reunión. Cuidarán allí de todos los utensilios de la Tienda de reunión y desempeñarán sus funciones en lugar de los israelitas, encargándose del servicio del santuario. Pondrás a los levitas a las órdenes de Aarón y de sus hijos.  Entre los israelitas, serán ellos los que estén totalmente dedicados a mí. (Num 3:5-9 NVI) Las últimas palabras de este pasaje nos indican la seriedad con la que se necesita tomar, el servir a Dios. 
Los que han escuchado y desean obedecer el llamado de Dios para sus vidas, se consagran en totalidad al Señor. Ahora bien, en el cuerpo de Cristo todos hemos sido llamados servir o al ministerio cristiano y al igual que los levitas, todos necesitamos entender que Dios no ha eliminado la consagración como un requisito para servir. Si bien nosotros no ejercemos un ministerio sacerdotal de sacrificios, ritos e inciensos. Tampoco ya no estamos bajo la ley, y nuestra santificación en gran medida es otorgada al ser justificados cuando creemos en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario. Esto no significa que el ministerio no sea de igual manera sagrado, y que debe de ser tomado con la misma seriedad, honra, u honor con el cual ellos lo tomaban. Así como no había una diferencia entre el sumo sacerdote y los levitas, tampoco existe una diferencia entre los laicos y los llamados de tiempo completo. Dios espera de cada persona que hace caso del llamado que ha puesto en su vida, lo haga con un sentir profundo de dedicación total a él. El honor y la dignidad del llamado, así como la santidad de nuestro Dios, demanda de nuestra parte una consagración real a Dios y al trabajo que nos esta llamado.
Oración:                                                                                                

  • Consagremos en santidad nuestras vidas a Dios.
  • Hagamos un compromiso con el ministerio al cual hemos sido llamados.
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martes, 8 de septiembre de 2009

Día No 57 El Pueblo de Dios


Lectura del día: Números 1: 1 – 2:34
Verso Central Números 2:2

"Los israelitas acamparán alrededor de la Tienda de reunión, mirando hacia ella, cada cual bajo el estandarte de su propia familia patriarcal. (NVI)

El centro de la vida social, cívica, y espiritual del pueblo de Israel estaba en el tabernáculo, en el cual estaba la presencia misma de Dios. Ellos eran el pueblo de Dios. El mensaje claro que Dios quería comunicar a su pueblo, al ordenarle a Moisés que colocara el tabernáculo en el centro del pueblo, era que en el centro de todo lo que se hacía, debería de estar la presencia de Dios. En la formación y la distribución del pueblo podemos ver como el edificio central y que todos deberían de estar viendo en todo tiempo, es el tabernáculo. El tabernáculo era el lugar donde Dios estaba morando en medio de su pueblo, y este estaba en el centro de su pueblo. También, al organizar al pueblo de la manera que se hizo, se estaba estableciendo que antes que ellos se movieran, o si no se movían dependería de la dirección que recibieran del tabernáculo. Todo esto representaba para ellos, el reconocimiento continuo que ellos eran un pueblo especial, el cual Dios había escogido para morar en centro del mismo. El Señor les dijo a Moisés y a Aarón: "Los israelitas acamparán alrededor de la Tienda de reunión, mirando hacia ella, cada cual bajo el estandarte de su propia familia patriarcal. (Num. 2:1-2 NVI) 
Para nosotros la Iglesia, esta presencia continua de Dios, no está en un edificio, ni un lugar geográfico, pero como el apóstol Pablo dice, nosotros mismo somos el “templo del Espíritu”, ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? (1 Cor. 3:16 NVI) Nosotros como templo del Espíritu, por lo tanto, necesitamos manifestar su presencia en nuestra comunidad colectivamente, a nivel familiar e individualmente. La obediencia a la voluntad del Espíritu, es la forma práctica de cómo esto es una realidad. Esto es más que una experiencia mística. Así como Dios decidió morar en medio de su pueblo, y ser el centro de la vida de Israel, así el Espíritu desea ser en nuestras vidas el centro de todo lo que somos y hacemos. El desea dirigir nuestras decisiones, y guiarnos a entender cuál es su voluntad, en toda situación que enfrentemos. Pablo dijo, No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. (Rom 12:2 LPD) Si tan solo le damos la oportunidad, el nos guiara y nos evitara los errores a los que somos tan expuestos cada día. Jesús prometió esto a sus discípulos, Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo [14] no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros. (Juan 14:16-17 RV95) El mismo les añadió, Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, [21] él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26 RV95) 
También, su presencia significa posesión, ¡Le pertenecemos, somos el pueblo de Dios! En el pueblo de Israel, la ubicación central del tabernáculo indicaba que ellos eran el pueblo especial de Dios, y que Dios moraba de entre todas las naciones en medio de ellos, identificándolos como el pueblo de Dios. La iglesia, al ser el templo del Espíritu Santo se ha convertido en el pueblo de Dios, esto también implica posesión, Dios nos ha comprado le pertenecemos. En las mismas palabras de Pablo, ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios?  Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1Co 6:19-20 NVI) 
¿Cómo honramos a Dios con nuestro cuerpo? El pueblo de Israel cumpliría su razón de ser, siendo el pueblo que llevara la luz de Dios a las naciones. Ellos fallaron en su llamado. Ahora el Espíritu de Dios mora en la iglesia y nos llama a ser luz a las naciones. En todas partes del mundo donde hay un discípulo de Cristo su luz debe de brillar en medio de la obscuridad. En un sentido práctico esto significa que por medio de nuestro estilo de vida reflejamos su luz al mundo, especialmente cuando manifestamos la justicia y la misericordia del reino de Dios, con los pobres, los extranjeros, los menospreciados, los ciegos, los atados, los enfermos, los cansados, y los hijos prodigos. En otras palabras, cuando dejamos al Espíritu influenciar nuestras vidas, y todo lo que hacemos como iglesia refleja la dirección del Espíritu, los que nos rodean reconocerán que somos el pueblo de Dios por la manera que conducimos nuestras vidas
Oración:                                                                                                  

  • Dar gracias al Espíritu Santo por habernos escogido como su templo.
  • Determinar reflejar su luz en la obscuridad de nuestro mundo.
  • Rendir al Señor todo nuestro ser en adoración y obediencia.


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martes, 25 de agosto de 2009

Día No 55 El Tiempo del Jubileo


Lectura del día: Lev. 24:1 - 25:55
Verso Central Levítico 25:10

El año cincuenta será declarado santo, y se proclamará en el país la liberación de todos sus habitantes. Será para ustedes un jubileo, y cada uno volverá a su heredad familiar y a su propio clan. (NVI)

Al depositar nuestra fe en la muerte del hijo de Dios que murió en la cruz, estamos “activando” el poder liberador de su perdón, gracia y amor en nuestras vidas. No hay “cadena” o “prisión” que nos pueda mantener “encerrados” en Cristo somos libres. No hay nada más terrible que la imagen de un esclavo, o de alguien que está en prisión. La esclavitud más que ninguna otra cosa va en contra del deseo inherente del ser humano a la libertad y al deseo a escoger el curso de su vida. La esclavitud es incompatible con la imagen de Dios en nuestras vidas. Dios nos ha creado a su imagen y no hay nada que este mas en contra de la dignidad y honor que Dios ha puesto en nuestro ser, que la esclavitud. 
Ahora bien, hay cadenas físicas, como la cárcel, o las limitaciones económicas, en la que las personas son esclavas de la pobreza, la miseria. Estas cadenas limitan, roban, detienen, y truncan sueños, deseos, y anhelos. Pero hay otras cadenas que, aunque no se ven, son más poderosas y más difíciles de romper. Son cadenas que la gente lleva en su alma; cadenas de amargura, de odio, de resentimiento, de desprecio, de fracaso, de heridas, de sufrimientos, de mentiras y tantas otras cosas que la gente carga sin la esperanza de algún día poder ser libre. Estas cadenas son cargadas en silencio, son cargadas por el débil que a su paso se quebranta, son cargadas por un tiempo, son cargadas por años, y aun muchos cargan sus cadenas hasta la misma sepultura. También existen prisiones que, aunque no son físicas, hacen que las personas que se sienten “atrapadas” de la suerte, de una serie de sufrimientos, de “demonios” internos, atrapados en relaciones destructivas, atrapados en una serie de fracasos emocionales, atrapados en el desprecio a sí mismo, y atrapados de sus mismas pasiones. Si algo deberíamos entender del mensaje de las escrituras en este día, es que Dios es un Dios que liberta a la persona de toda esclavitud. El evangelio son las buenas noticias que declaran que Dios “rompe” todas las cadenas de opresión en el ser humano. 
Dios instituyo en su pueblo una celebración que señalaba claramente esta verdad. Por medio de Moisés instituyo la celebración del jubileo, "Siete veces contarás siete años sabáticos, de modo que los siete años sabáticos sumen cuarenta y nueve años, y el día diez del mes séptimo, es decir, el día del Perdón, harás resonar la trompeta por todo el país. El año cincuenta será declarado santo, y se proclamará en el país la liberación de todos sus habitantes.  Será para ustedes un jubileo, y cada uno volverá a su heredad familiar y a su propio clan. (Lev 25:8-10 NVI) En esta fecha se cancelaban todas las deudas, se devolvían todas las posesiones que se habían perdido. Este era un tiempo de libertad y de restauración. Hoy en día no tenemos que esperar cada cincuenta años para celebrar la cancelación de nuestras deudas, ni tenemos que esperar la cancelación de todos nuestros pecados. Tampoco tenemos que esperar que suene la trompeta declarando el comienzo del jubileo para que todas las ataduras, y prisiones en nuestra vida se rompan; Hace dos mil años que Jesús declaro el comienzo del jubileo para todo el ser humano, Jesús mismo se ha constituido en nuestro jubileo, y es en el, que nuestras deudas son canceladas. Hace dos mil años que Dios mismo sonó la trompeta del jubileo, sonó con fuerza y claridad retumbando hasta el mismo infierno, sonó con poder y autoridad, declarando todo lo que nos era contrario quedaba cancelado, y tomando a nuestro opresor lo avergonzó y triunfo sobre todos nuestros enemigos en la cruz. No necesitamos esperar el año del jubileo, ¡Hoy podemos vivir en nuestro tiempo del jubileo! Este no solamente un jubileo para cierta nación, sino que es para todo aquel que anhela libertad, es para todo aquel que quiere que todas sus deudas sean perdonadas, es para aquel que quiere ser libre de todas sus cadenas. ¡Gloria a Dios que Jesús es nuestro jubileo!
Oración:                                                                                                  
·       Dar gracias a Dios por nuestro jubileo.

·       Si hay algunas áreas de nuestra vida que necesitan experimentar libertad, confiemos en el Señor quien es nuestro jubileo.

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martes, 11 de agosto de 2009

Día No 53 La Santidad y La Obediencia


Lectura del día: Lev. 19:1 a 21:24
Verso Central Levítico 19:1-2

El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera: "Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (NVI)

Vivir una vida en santidad es una exigencia de aquellos que son discípulos de Jesús. La santidad no es una opción, que está determinada por nuestra voluntad, sino que se exige de todos los discípulos de Jesús. Más que una opción, la santidad es una parte integral de aquellos que han experimentado el poder renovador del evangelio en sus vidas. Aunque vivir una vida en santidad es algo que se requiere de los discípulos de Jesús, la motivación principal el amor que tenemos en nuestros corazones por nuestro Señor y Dios. 
Cuando yo me convertí en discípulo de Jesús, había una idea entre algunos de los primeros creyentes que conocí. Según ellos, lo que más interesaba en la vida cristiana era la “sinceridad” y que lo que hicieras saliera del corazón. En otras palabras, podías hacer cosas equivocadas, pero si eras sincero, Dios todavía se agrada de eso. Por ejemplo, un día una persona estaba comentando que ella no podía dar sus diezmos porque tenía una gran necesidad, solamente entregaba una pequeña ofrenda y que pensaba que Dios estaba de acuerdo porque lo hacía con sinceridad. También una pareja que no se había casado, se justificaba diciendo que ellos no estaban mal en vivir en “unión libre, porque lo más importante es que se “amaban” y que eran sinceros en su relación. “Lo que Dios ve es que seamos sinceros en nuestros sentimientos” esa era su justificación. También en una ocasión, una persona se quejaba conmigo porque decía que el pastor ponía presión en la gente para evangelizar a su familia y amigos. Esta persona estaba en desacuerdo porque decía que, si no le salía del corazón ganar a sus amigos, Dios no se agradaba de eso porque no salía del corazón. Aun un amigo mío, me decía que no le gustaba uno de los maestros que teníamos en la escuela Bíblica porque ese maestro (de Adoración) nos decía que levantáramos las manos, y que habláramos en voz alta durante el tiempo de la adoración y alabanza; “Como se atreve a pedirnos que levantemos las manos, si yo no lo hago de corazón no sirve de nada”. Otro se justificaba, no comprometerse con ninguna iglesia, diciendo, “es que no me nace de corazón ser parte de ninguna Iglesia” estoy orando para que Dios ponga en mi corazón el “sentir” de unirme a alguna congregación, mientras seria en vano ser parte de una congregación, porque no lo “siento”, y así tengo libertad de ir a cualquier congregación que yo sienta. 
Si bien es cierto que Dios espera que hagamos las cosas con todo el corazón, y espera que seamos sinceros en todo lo que hacemos, el secreto de la santidad no está ni en que sea de corazón, o que seamos sinceros en nuestros sentimientos, sino en la OBENDIENCIA. Yo puedo ser sincero en lo que hago, pero si mi “sinceridad” contradice lo que las escrituras enseñan, estoy “sinceramente equivocado”. Por otro lado, es cierto que todo lo que hagamos debe de ser de corazón, pero si no he aprendido a obedecer, y si mi corazón es rebelde, nunca podré hacer la voluntad de Dios. Más importante que la sinceridad nuestra, o que “sintamos hacer algo o no” es nuestra obediencia a Dios. Tanto el sentir, y la verdadera sinceridad deberían ser el fruto de nuestra obediencia. Muchas veces no tendremos deseos de hacer algo, pero si simplemente obedecemos sin importar cual se nuestro “sentir”, si obedecemos el “sentir” sugerirá de nuestra obediencia. 
Por esta razón en los pasajes que hemos estado leyendo se ha enfatizado, y hasta cierto punto se exigía que el pueblo de Dios viviera en obediencia. El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera:  "Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (Lev 19:1-2 NVI) El Señor le ordenó a Moisés (Lev 20:1 NVI) El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los sacerdotes, hijos de Aarón… (Lev 21:1 NVI) El primer paso para la santidad es la obediencia a los principios de la palabra de Dios, independientemente de que lo sienta o no lo sienta; Dios se agrada ante todo de nuestra obediencia.
Oración:                                                                                                  
·       Renunciemos a toda actitud equivocada que tengamos ante la obediencia.
·       Renunciemos a la actitud rebelde que no nos permite vivir en Santidad.

·       Pidamos al Señor que nos de pasión por andar en su santidad.


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