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martes, 15 de junio de 2010

Día No 92 La Inconsistencia Produce Fracaso

Lectura del día:        Jueces 18:1-31, 3:7-4:24
Verso Central   Jueces 3:7-9

Los israelitas hicieron lo que ofende al Señor;  se olvidaron del Señor su Dios,  y adoraron a las imágenes de Baal y de Aserá. El Señor se enfureció contra Israel a tal grado que los vendió a Cusán Risatayin,  rey de Aram Najarayin, a quien estuvieron sometidos durante ocho años. Pero clamaron al Señor,  y él hizo que surgiera un libertador,  Otoniel hijo de Quenaz,  hermano menor de Caleb.  Y Otoniel liberó a los israelitas. (NVI)


Una vida inconsistente siempre producirá fracaso en toda persona. No importa lo estemos haciendo o en qué área de la vida se aplique este principio; ya sea en la relación matrimonial, los negocios, estudios, o nuestra relación con el Señor; la inconsistencia está divorciada del éxito. En el pasaje que nos tocó leer este día, podemos ver este principio de una manera muy clara. El verso, o pasaje central de este día, nos da el patrón repetitivo que los hijos de Israel constantemente estuvieron viviendo después de que Dios le permitió entrar a la tierra prometida. Constantemente se volvían a Dios en arrepentimiento y constantemente se apartaron de Dios, Los israelitas hicieron lo que ofende al Señor; se olvidaron del Señor su Dios, y adoraron a las imágenes de Baal y de Aserá. (Jueces 3:7 NVI) 

Esta fue una constante en la vida de la nación. Mientras que tenían problemas clamaban a Dios para que los librara de sus adversarios, pero una vez que Dios respondía y tenía paz, rápidamente se olvidaban de El y seguían otros dioses. La consecuencia de esta inconsistencia es que Dios retiraba su bendición y protección del pueblo, y permitía que sus enemigos los vencieran, El Señor se enfureció contra Israel a tal grado que los vendió a Cusán Risatayin, rey de Aram Najarayin, a quien estuvieron sometidos durante ocho años. (Jueces 3:8 NVI) 

Lo terrible esta constante opresión es que en ningún momento esto era la voluntad de Dios para su pueblo. Ellos no habían sido liberados de Egipto para estar constantemente bajo la opresión de los pueblos enemigos. Dios claramente les había prometido que estaría con ellos, y que ellos deberían de poseer la tierra. Mas ahí en la tierra de la promesa, constantemente estaban bajo opresión, persecución, y tragedia, porque no fueron constantes en honrar a Dios, ni tampoco hubo constancia en su obediencia a la palabra que Dios le había dado por medio de Moisés. Hay personas que conocen de Dios que han experimentado la gracia y el amor de Dios en sus vidas, sin embargo, viven vidas en contantes problemas, no tienen la paz ni el gozo de Dios, porque en su inconstancia han permitido que el pecado, inconsistencia de servir a Dios y de vivir una vida de fe en sus promesas viven una vida de escases, en medio de la abundancia de Dios. Viven llenos de temor y angustia aun después de haber experimentado la paz de Dios. El pueblo de Israel después de sufrir la opresión del enemigo, siempre clamaban a Dios y le pedían que los libertara de la opresión de sus enemigos, Pero clamaron al Señor, y él hizo que surgiera un libertador, Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb. Y Otoniel liberó a los israelitas. (Jueces 3:9 NVI) Cuando llegaba el momento de la aflicción y ya no soportaban la persecución o la opresión de sus enemigos, el pueblo clamaba a Dios y Dios siempre respondía a sus oraciones. Dios en su infinita misericordia se acordaba de la aflicción de su pueblo y respondía mandando un caudillo que los llevara al arrepentimiento, los regresaba a los caminos de Dios, y los libertara de la aflicción a que sus enemigos los tenían sometidos. 

Gracias que Dios escucha nuestra oración en la hora de la prueba y la aflicción, pero lo terrible es que esto era una
constante en la vida de la nación: El ciclo se repetía constantemente, clamaban Dios para ser liberados, Dios actuaba a su favor, luego ellos se volvían a olvidar de Dios, entonces Dios permitía que ellos cosecharan el fruto de sus acciones, y luego venían los problemas a sus vidas. Este era un círculo vicioso en el cual los hijos de Dios parecía que no podían escapar. Su inconstancia en servir a Dios con todo su corazón los llevo a vivir una vida de altibajos. A la luz de lo que hemos aprendido en los pasajes de este dia, necesitamos servir a Dios con constancia en nuestra devoción, pasión, obediencia a su palabra, para poder vivir una vida “agradable” a sus ojos. Seamos constantes en el crecimiento y la fidelidad a Dios, Pablo dijo las siguientes palabras, Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano. (1 Cor. 15:58 NVI)

Oración:
·         Pedir al Señor que te de constancia en todos tus caminos.
·         Permite que Dios te guie en todo lo que haces, para que puedas hacer su voluntad.
·         Pide al Señor te muestre que áreas de tu vida necesitas fortalecer, para ser constante en todos tus caminos.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

Día No 66 Ninguna Maldición Prosperara

Lectura del día:        Números 22:1 - 24:25
Verso Central   Números 23:8

¿Cómo maldeciré a quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo condenaré a quien el SEÑOR no ha condenado?

Ninguna maldición prosperara en contra de los hijos de Dios. Esta confianza descansa en la verdad de que no existe ningún poder que sea superior a nuestro Dios. Mientras los creyentes se mantengan en obediencia a los mandamientos de Dios, no existe conjuro, brujería, o maldición que prospere, porque la protección del Señor es más que suficiente para guardarnos. De acuerdo al diccionario “Vine” el acto de maldecir era una costumbre de los pueblos paganos, “Los paganos se valían del poder de la «maldición» para deshacerse de sus enemigos, como cuando Balac procuró a Balan: «Ven y maldíceme a este pueblo»” (Num_22:6 RVA) La idea era que a través de conjuros y encantamientos se quitara, la protección de Dios sobre su pueblo y de esta manera fueran destruidos más fácilmente. Ellos creían que sin la protección de Dios el pueblo de Israel seria fácilmente atacado y los derrotarían porque no tenían la protección de Dios. Estas son las palabras del rey Balac, Te ruego que vengas y maldigas por mí a este pueblo, porque es más poderoso que yo.  Tal vez así pueda yo vencerlos y echarlos fuera del país.  Yo sé que a quien tú bendices, queda bendito, y a quien tú maldices, queda maldito." (Num. 22:6 NVI) 

Hoy en día existen personas que al igual que Balaam se dedican a practicar la brujería, hechicería, y son contratados para maldecir (hacer “amarres”, trabajos, etc.) En nuestra comunidad la practicas del ocultismo son usadas para hacer el mal a otras personas, y en mi experiencia, hay personas que están bajo maldiciones, o de alguna forma están bajo el poder del maligno. Esto se manifiesta en el estado de ánimo, la salud física, y el fracaso en la vida. 
Algunas preguntas que varios creyentes me han hecho son:

¿Las maldiciones, pueden hacer daño o efecto en un hijo de Dios? 
¿Podría por medio de maldiciones Satanás detener el propósito de Dios en tu vida? 
¿Podrán las palabras de amargura, envidia, celos, odio, resentimiento que alguien diga en tu contra robarte la bendición de Dios? 

Veamos que dice la palabra de Dios en el pasaje de este día. En primer lugar, la única maldición que prospera es la que Dios permite en la vida de su pueblo como consecuencia de su pecado. Pero mientras Dios no permita la maldición, el hijo de Dios no puede ser maldecido, Balan reconoció su impotencia de maldecir al pueblo de Dios, ¿Pero ¿cómo podré echar maldiciones sobre quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo podré desearle el malo quien el Señor no se lo desea? (Num. 23:8 BAD) Ninguna maldición puede prosperar en contra del hijo de Dios, Contra Jacob no hay brujería que valga, ni valen las hechicerías contra Israel. De Jacob y de Israel se dirá: “¡Mirad lo que Dios ha hecho!” (Num. 23:23 BAD). 
También debemos saber que las maldiciones que se digan en contra del hijo de Dios, se regresaran sobre la persona que las pronuncio, Balan declaro por la inspiración del Señor; …Benditos los que te bendigan, y malditos los que te maldigan. (Num. 24:9) 

Por último, notemos que fue Dios mismo que defendió al pueblo de toda maldición. Mientras el pueblo se preparaba para conquistar, Dios peleo por ellos ante los ataques de “conjuros” y maldiciones que se lanzaron en contra de ellos, su protección los guardo y ninguna maldición surtió su efecto. De igual manera el hijo de Dios necesita estar confiado en las promesas de protección y bendición de parte de Dios. 

No importa lo que otros digan, o declaren sobre nuestra vida, mientras no le abramos la puerta al pecado, es imposible que ninguna maldición nos alcance. 

En la misma historia, (capitulo 25) no fue hasta que el enemigo entendió esto y sedujo al pueblo de Dios a pecar que la ira de Dios se volvió en contra de Ellos. La única puerta a la maldición en la vida del creyente, es el pecado. Solamente cuando damos lugar al pecado es cuando las maldiciones pueden llegar a nuestra vida. El profeta Isaías declara, Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del SEÑOR, y su justificación viene de mí--declara el SEÑOR. (Isa. 54:17) 

En este día, demos gracias a Dios por su protección y porque podemos vivir todos los días con la seguridad que Él nos da. Confiemos en sus promesas de protección y bendición, y nunca permitamos que ninguna maldición nos lleve a vivir en temor. Al mismo tiempo examinemos nuestra vida para descubrir si hemos abierto la puerta a la maldición, a través del pecado. El remedio para cerrar esa puerta se llama el arrepentimiento, y la sangre de Cristo.

Oración:                                                                                                  
- Dar gracias a Dios por la seguridad que tenemos de su protección en contra de toda maldición.
-  Alabemos al Señor por la fidelidad de sus promesas de protección y seguridad con la cual podemos vivir todos los días.

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